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La conveniencia de reciclar el arte

Por: Amilkar Feria Flores / Fuente: www.almamater.cu / Publicado: 17 de junio 2009
 

Hasta donde sabemos, el mundo no es otra cosa que una larga cadena de reciclaje. Lamentablemente no todos lo saben, aun siendo ellos mismos resultado de este proceso.

Para entrar en asunto, la materia prima de una obra de arte es una coalescencia de infinidad de productos naturales de las más diversas procedencias. Lino, cadmio, mármol, algodón, titanio, madera, cartón, cobalto, bronce…, hasta donde acaben las fuentes conocidas, son recursos valederos e indispensables para manifestarse artísticamente.

De hecho, nunca hubo límites para la expresión humana, salvo en sus ideas. ¿Cuáles son los ingredientes permisibles para contemplar como arte cualquier acto de creación? Es una pregunta sosa, ya lo se, al menos en nuestro planeta. Pero hay quienes se ponen el casco de la intolerancia antes de que les corresponda.

Para corroborar la potencialidad infinita de estas ideas, aquí está nuevamente (renovadoramente, podría decirse) Joel Jovert, alguien que nos tiene acostumbrados a la deshabituación perceptiva de su obra. Muestra de ello fue su mas reciente muestra El arte de reciclar el arte, en la galería capitalina La Acacia.

 
Igual da si es una tabla del gótico tardío, una Madonna del renacimiento, o de su propia inspiración; sus relecturas son asumidas, desde la interpretación más contemporánea, con simples envoltorios de desechos domésticos e industriales.

Las cosas han cambiado un poco. Si por alguna extraña falta de correspondencia en la evolución social del arte nos tocara hacer una “Sagrada Familia”, ya entrado el tercer milenio, una solución estéticamente idónea sería la que ha enarbolado Joel. Ya dije que las cosas han cambiado un poco, por lo que el ejercicio de interpretación histórica le otorga un rico sabor anacrónico a las piezas del artista.

De eso se trata. Puro contraste, ¡cómo si los módulos de ladrillo, lata, cartón y madera de un barrio periférico latinoamericano, no emularan en complejidad visual y estética con la catedral de Nuestra Señora de París!

Son dos lenguajes, dos perentorias maneras de afrontar necesidades de todo tipo; desde la material, hasta la espiritual, si de dividir dependiera una mejor explicación del asunto. Es lo mismo.

Una cosa es decir que un urinario es una fuente, dando un brusco giro a la asimilación conceptual del arte, y otra bien distinta es plantear que el devenir estético del hombre es una gran alacena de donde tomar prestado para repensar nuestro pasado, o regurgitar nutrientes que quedaron en la pretérita panza de la cultura humana…, con urinario incluido.