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Los Carteles de la revolución cubana: Arte y Comunicación

Por: Lic. Reinaldo Morales Campos / Publicado: 31 de octubre 2008

   

Sin olvidar las aportaciones que indistintamente durante la época de la República, entre 1902-1958, le impregnaron al diseño gráfico artistas de la plástica y dibujantes publicitarios de convincente formación profesional, como por ejemplos: Jaime Vall, Armando Maribona, Rafael Blanco, Enrique García Cabrera, Mario Carreño, Enrique Caravia y Luís Martínez Pedro, los carteles durante ese periodo, no cumplieron con las funciones atribuidas como medio de orientación y por lo general respondieron a pretensiones comerciantes y a las campañas demagógicas de funcionarios públicos; quienes en función de sus intereses económicos o políticos, financiaban su realización artística y reproducción para que en sus diseños se emplearan elementos visuales que anunciaran exageradas condiciones y supuestos particularidades que insistentemente no poseían ni el político o un articulo de consumo.

La ocupación del diseño gráfico del cartel en Cuba, con una autentica función social comunicativa, para persuadir, exhortar y sugerir y como géneros expresivos de manifestación artísticas floreció con el triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, a partir de ese momento en su codificación visual se le atribuyeron elementos pictóricos y signos gráficos que reflejaron los nuevos cambios políticos, económicos y sociales. La pintura, la ilustración, fotografía y otros componentes como la tipografía y los símbolos mostraron la nueva situación que se vive en el país.

Los antecedentes de esas nuevas revelaciones de la graficas se pusieron de manifiesto, desde los primeros días de la victoria, en carteles y anuncios insertados en periódicos y revistas de marcas de consumo en los que convergieron mensajes comerciales y revolucionarios; hasta que poco tiempo después por la incompatibilidad de ambos contenidos se emprendieron solo los poseedores de formulaciones de recomendaciones revolucionarias.

Igualmente se mostraron en incipientes manifestaciones de carteles políticos, diseñados por Oscar Moriña; con marcadas influencias del realismo, conocidas por “Brazo Fuerte”, reproducidos en un taller de serigrafía de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), en los de insinuaciones figuradas con mensajes de orientación social aportados, desde febrero de 1959, por de la Administración Municipal Revolucionaria de La Habana y paralelamente que impresionaron por sus excelentes cualidades artísticas y efectividad comunicativa los del Ministerio de Obras Públicas (MINOP); con temas de orientación social y de convocatorias a asistir a concentraciones populares; diseñados por el artista de la plástica Eladio Rivadulla Martínez .

Entre los primeros dibujantes publicitarios y artistas de la plástica vinculados, desde finales de la década del cincuenta, a la publicidad comercial, que ante la obra dinámica y transformadora de la Revolución, iniciaron la creación de impresos gráficos, en los que en poco tiempo lograron alcanzar efectos comunicativos de altos valores estéticos, portadoras de mensajes dirigidos a convencer, persuadir, orientar, exhortar y con una función educativa, se pueden citar a: José Luís Pinto, Guillermo Menéndez, Alfredo Rostgaard, Antonio (Ñiko) Pérez González, Rafael Morante Boyerizo, Juan Ayus, Virgilo Martínez, José Gómez Fresquet (Fremez), Félix Beltrán, Raúl Martínez, Luís Martínez Pedro, Oscar Moriña, Ásela Pérez, Mario Masvidal, José Ignacio Bermúdez, Berta Abelenda, Heriberto Echeverría, Emilio Gómez, René Mederos, Humberto Trujillo, Roberto Quintana, José Papiol, Francisco Ruiz, Fernando Valdés, Mario Sandoval y Jesús Forjans Boade.

Esos profesionales quienes durante el régimen anterior le habían conferidos personalidad artística a la publicidad cubana y que en la nueva situación ejercieron sus contribuciones integrados en tres principales entidades: un denominado Consolidado de la Publicidad, que existió hasta el mes de marzo de 1961, Intercomunicaciones, similar a una agencia que se ocupó, hasta el año 1967, de atender la propaganda con mensajes de orientación social de ministerios e instituciones gubernamentales y el Equipo Técnico de la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR); que se ocupó de establecer la política oficial de la propaganda revolucionaria, junto a la cual concurrieron las acciones propagandísticas de las nuevas organizaciones políticas y sociales.

Inicialmente la creación de los primeros carteles se distinguieron por tres principales predilecciones: los asociados con campañas de orientación social o de bien público, ejemplos: ahorro de agua, limpieza de la ciudad, prevención de enfermedades y asistencias de niños a las escuelas; los que regularmente estuvieron influenciados por la técnicas publicitarias, los culturales; con sus tradicional empleo para anunciar espectáculos artísticos de las diversas manifestaciones y los de por último los de contenidos políticos con exhortaciones y convocatorias para actos públicos y concentraciones populares para denunciar a quienes se oponían a las primeras medidas revolucionarias, ejemplos: nacionalización y reforma agraria; los que en sus inicios fueron reveladores de excesiva configuraciones realistas, que gráficamente se expresaban con ilustraciones con cuerpos monstruos y cabezas pequeñas.

Desde los primeros momentos en que___ ante la de aplicación de medidas revolucionarias de beneficio popular___ algunos de los profesionales de la publicidad, alentados por propietarios o representantes de agencias que tenía su casa matriz en los Estados Unidos, marcharon hacia ese territorio, en su reemplazo para el diseño gráfico de carteles junto a los dibujantes y diseñadores que decidieron no abandonar el país, participaron cientos de artistas de las plásticas con aportes ocasionales de sus obras pictóricas y otros con su adhesión total a la creación artística y reproducción grafica, o sea pintores que además del dibujo se ocuparon de seleccionar y ubicar la tipografía y realizar el boceto con todos los elementos que deberían ser reproducidos, los que con sus diversidades de estilos y expresiones artísticas plasmaron la fusión de elementos plásticos y comunicativos

Entre los artistas plásticos, incorporados al diseño gráfico, que expresaran sus aportes artísticos con atrayentes elementos y símbolos gráficos, entre los que se distinguieron,: Pedro Oraá, Umberto Peña, Carlos Manuel Díaz Gámez, Roberto Guerrero, Rolando Oraá, José Manuel Villa, Tony Ëvora, José Manuel Villa, Salvador Corragé, Wilfredo Arcay, Julio Pedro Medina, Rodolfo Peña Mora, Carmelo González, Roberto Guerrero, Esteban Ayala, Servando Cabrera, René Portoccarrero, Mariano Rodríguez, Ricardo Reymena, Miguel Custilla, Roger Aguilar Labrada, José Mancilla, Jorge Carruana, Héctor VIllaverde, Julio Herrera, Roberto Casanueva y Luís Martínez Pedro.

La incorporación de los artistas de la plásticas al diseño gráfico posibilitó que profesionales de formación en la publicidad, entre ellos algunos de reciente incorporación en la actividad y otros de mayor experiencia en acciones publicitarias, se unieron a cientos de jóvenes graduados de escuelas de artes plástica, para diseñar carteles y dieron lugar a un proceso distintivo de conmutación y a su vez de fidelidad entre elementos expresivos de la descripción artísticas de la pintura y de la formalidades sintetizadas de la grafica, para establecer la visualización de mensajes de excelentes cualidades artísticas-comunicativas; en los que estuvieron presentes ilustraciones pictóricas surrealistas, efectos ópticos y cinéticos, la línea ondulantes del art noveau, tonalidades brillantes del art pop y las configuraciones decorativas del art deco.

En ese periodo, en que hasta 1965 se produjo la instauración del poder revolucionario y de los nuevos principios que rigieron la propaganda revolucionaria; que condujo a la eliminación del histerismo de la publicidad comercial, aunque se alcanzaron aportes de atinadas efectividades comunicativas, no se logró en el cartel político la total eliminación de excesivas representaciones carentes de alusiones figuradas. No obstante, apoyado en la fidelidad de la fotografía, se logró una importante contribución a la gráfica comunicativa, al ser convertida la primera plana de los principales periódicos en un cartel para ocasiones trascendentales: movilizaciones militares, convocatorias a concentraciones populares y desfiles y momentos de victorias

Y aunque a la gráfica política le concernió el principal protagonismo, es a través del cartel cultural, que inicialmente germinó del Teatro Nacional de Cuba (TNC); por donde primero se produjo el proceso asimilación de nuevos valores artísticos, diferentes a los de épocas anteriores que con sus preponderancias mercantilistas, solo sirvieron para anunciar las ofertar funciones de espectáculos. A partir de 1961 con la creación del Consejo Nacional de Cultura (CNC) se prolongó el empleo del cartel cultural, en lo cual también estuvieron los aportes generados por otras instituciones culturales creadas por la Revolución, como: Casa de las Ameritas (CA) la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

Simultáneamente Eduardo Muñoz Bachs, quien trabajaba el dibujo animado, junto a Rafael Morante Boyerizo que además de publicista poseía dominio de las principales tendencias y expresiones artísticas de la pintura iniciaron, desde 1961,el diseño del nuevo cartel de cine del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC); en los que para su impresión en serigrafía contaron con los maestrías del artista plástico Eladio Rivadulla Martínez, los que le concedieron excelentes texturas artísticas, con alusiones y sugerencias en los que no están presentes ilusiones mercantilistas, la estrella del filme sin vestimentas e imágenes de pistoleros en acciones descomunales. El pintor René Portocarrero estuvo entre los primeros artistas plásticas en aportar sus obras al novedoso cartel cinematográfico, en los que estuvieron presentes su línea pictórica con predominios del barroco y sus imaginarias mujeres delineadas por flores en las que enlaza color y fantasía.

En el universo de la gráfica política fue notorio en esos momentos los aportes pictóricos de otro de los representativos de la plástica cubana Mariano Rodríguez; que en su incesante búsqueda de lo nacional aportó pinturas cargadas de una expresiva identidad con la Revolución, en las que a través de contrastadas líneas nítidas y siluetas estigmatizadas de colores penetrantes, reflejó a hombres y mujeres del pueblo y sus héroes, estas obras por la vehemencia de sus expresiones comunicativas fueron reproducidas en offset, similar al formato de un cartel y colocadas para ornamentar lugares públicos e interiores; cumplieron similar función comunicativas.

Otros cuatros importantes artistas de las plásticas: José M. Villa Rafael Zarza, Cesar Mazola y José Gomes Fresquet (FREMÉZ); que de sus contribuciones de la cartelistica cultural reproducidas en serigrafía, con diseños que regularmente contaron como elemento central en forma geométrica, una obra pictórica de colores planos y frases de poca palabras en forma horizontal; se convirtieron en los artífice de su reproducción en litografía, procedimiento que le permitió mediante la mezcla de colores impregnar un acertado efecto cromático de expresión imaginaria de trazos surrealistas en experimental combinación con disímiles configuraciones a partir de lo cual se le confirió una identidad propia al cartel del Consejo Nacional de Cultura (CNC)

Pasada la primera mitad de los años sesenta, periodo de consolidación de poder revolucionario se produjo el deslumbramiento del cartel cubano, en el de tema político se eliminaron las insuficiencias comunicativas de años anteriores y se consiguió establecer una adecuada relación entre imagen y textos y se logró mediante el dibujo pictórico una codificación visual sintetizada. Tales logros fue posible porque a su creación entre 1962 y 1965 se habían incorporados numerosos artistas jóvenes graduados de la Escuela de Arte y Dibujo San Alejandro, algunos de formación artísticas pictóricas autodidactas y otros que a finales de los años cincuentas se habían iniciados en acciones publicitarias una considerable y que para entonces ya poseían experiencias, entre ellos estuvieron: Daysi García, Clara Luz Duquesme, Eduardo Marín Postrilles, René Mederos, José Papiol y Heriberto Echevarria.

En los carteles de cine, distinguidos del resto de los culturales por su continuado apego a la serigrafía y a los que a sus formulaciones visuales, entre 1961 y 1964, progresivamente se incorporaron nuevos creadores con pleno conocimientos de la técnica pictóricas, como: Olivio Martinez, Antonio Fernández Reboiro, Jose Lucci y Manuel Custilla; desde 1965 junto a ellos se sumaron nuevos creadores; quienes junto a Ricardo Rey Mena, Roger Aguilar, René Azcuy y Julio Eloy Mesa; formados en escuelas de artes plásticas, comenzaron a expresar nuevas configuraciones poseedoras de elementos de la vanguardia artísticas del art noveau, y el art pop y configuraciones de ostentosa coloraciones intensas, llamada forma sicoledicas.

En este nuevo periodo junto a los continuados aportes de Pedro Oráa, Umberto Peña, José Manuel Villa, René Portocarrero y Raúl Martínez, se destacaron los aportes de los pintores de reconocimiento internacional: Wuifredo Lam, Pedro Arrate, Raúl Corrage y Servando Cabrera, quienes al igual que los anteriores trasladaron en obras que aportaron para la gráfica los elementos representativo de la vanguardia artísticas. Siendo significativos los aportes otros dos artistas de la pláticas que han transcendidos por su eficaces aportes en el diseño gráfico del cartel cubano: Alfredo Rostgaard con carteles que abarco las temáticas culturales, sociales y políticas, el cual se destacó por se elocuente dominio de las expresiones metafóricas, asimilación del simbolismo casi abstracto y figurado, subordinación del color a la sombra, en contraste con el art pop. Héctor Villaverde, que transitó de la publicidad a la creación de carteles particulares en los que se destacó por el empleo del simbolismo, entre lo abstracto y figurativo y con fondo monocromático

Nuevamente el simbolismo gráfico en defensa de la identidad y las tradiciones patrióticas se hizo sentir en la campaña de propaganda gráfica por la conmemoración de los Cien Años de Lucha (1868-1968) para la cual todos los artistas de la plástica y profesionales del diseño gráfico, a través de diversos medios de comunicación visual expresaron sus aportes, en los carteles, a través de imágenes de los principales próceres cubanos se revalorizaron los hechos históricos, se inserta la historia pasada con ese momento con fuerza viva, los patriotas anteriores son presentados como los precursores de las nuevas ideas.

En la postrimería de los años sesenta, el cartel se situó a la par de las restantes manifestaciones de la plástica: la pintura, dibujos y grabados. En ese momento de esplendor de la gráfica cubana se produjo el surgimiento de la cartelistica de la solidaridad, caracterizada por el empleo de la ilustración pictórica, donde a través de signos, símbolos, expresiones metafóricas se establece una línea de diseño en los que estuvieron presentes tradiciones autóctona y folclórica de los pueblos de África, Asia y América Latina. Entre los artistas que brindaron sus aportes se destacaron: Tony Évora, Rafael Zarza, Rafael Morante, Roberto Casanueva, Guillermo Menéndez, José Papiol y Daisy García, los cuales a través del simbolismo visual aludieron mensajes en el que una alambrada cerrada significaba la esclavitud, los eslabones de una cadena rota la independencia, un brazo en alto la lucha hasta el final y hombres y mujeres con trajes tradicionales portando como armas flechas o ballestas, la lucha contra la penetración occidental.

En cuanto a los carteles editados por diversas instituciones, referentes a la imagen del Che, realizados después de conocida su caída en combate en Bolivia, el 8 de octubre de 1967, los creadores cubanos a través de la expresión gráfica lograron trasmitir con acierto y dedicación su presencia permanente e inolvidable de la imagen vigorosa del “Guerrillero Heroico” con diseños de carteles, de profundos valores estéticos y comunicativos, en los que lograron plasmar la fusión de elementos del arte con el de la ideología revolucionaria.

En 1970, motivado por la inclusión por primera vez del diseño gráfico como manifestación plástica en el Salón 70, convocado por el Museo Nacional de Bellas Artes, se destacó nuevamente la presencia de los artistas plásticos, ejemplos: Lázaro Hondares, Luís Vega y Santo Toledo. A la par favorecidos por las condiciones internacional que incentivó un incremento del turismo a la isla, fundamentalmente procedentes de la comunidad socialistas y de Canadá, se produjo una campaña promocional en las que se realizaron carteles que en su visualización se aludía a la arquitectura, bellezas naturales, la flora y la fauna, el folclor y las tradiciones culturales. Para esa oportunidad también se imprimieron carteles en los que se plasmaron obras pictóricas de los prestigiosos creadores, insignes de la cultura cubana. De Víctor Manuel su elocuente obra “la gitana tropical”, de Amelia Peláez, sus vitrales, flores, frutas, árboles y luces que afloraban en sus pinturas de ascendencia barroca y de Tomás Sánchez sus singulares paisajes.,

Seguidamente en el periodo entre 1975 a 1989 que se caracterizó por la institucionalización de la dirección gubernamental del país oportunamente en un contexto de pluralidad comunicativa de la gráfica René Mederos, diseñador y pintor autodidacta de enraizada influencia de los muralistas mexicanos, realizó diseño de carteles y numerosos juegos de laminas de grandes proporciones, con luminosos colores planos, en los que apoyado en la presencia de la figura humana y en las posibilidades cromáticas y recreación artísticas de la serigrafía, reflejó diversos temas de la lucha insurreccionan en Cuba, antes de la Revolución y la guerra en Viet Nam.

Otras aportaciones de finales del decenio setenta de notorios pintores que dieron nuevos brillos y lucidez, fueron: Evier Fonseca Carviño que traslució en un cartel para un encuentro nacional de creación de plástica para niños su ingenuidad y espontaneada infantil, en los que conjugó alusiones pictóricas con una figura de un niño casi inexpresiva, de simples rasgos. Manuel Mendive que en su cartel para promover la fiesta del los pueblos caribeños, Carifeta 79, mostró su mundo primitivo, de preferencia por la naturaleza y la mitología Yoruba y Servando Cabrera Moreno que un diseño de cartel para promover un filme cubano sobre la emancipación de una mujer, mostró una vez más su influencia del dibujo con una imagen femenina con línea quebrantadas matizada por la combinación de los colores.

Dos nuevas representaciones se destacaron en el primer lustro de la década del ochenta en los carteles de la cinematografía cubana las de los artistas de la plástica Francisco Álvarez y Zaida del Rio. Incidieron también con significadas efectividades las aportaciones expresadas en la gráfica de la solidaridad tricontinental del pintor Orlando Yanes con carteles portadoras de imágenes del líder de la Revolución Cubana, de la del Guerrillero Heroico y otros lideres de África, Asia y América Latina con dibujos naturales, cuidadosamente empleo de los detalles y acentuación de la figura humana.

En el cartel político principal protagonista de la función social comunicativa e influyente en la de las restantes temáticas entró en un proceso de reformulación en su diseño gráfico; se le introdujeron texto largo en ocasiones similar a un párrafo de libro, la tipografía predomina sobre la imagen pictórica, por lo que perdió inmediatez y eficacia comunicativa.

Para entonces se le prestó mayor importancia a la edición del cartel-mural y los juegos de laminarios, conjunto formado por más de dos laminas, similar al formato del cartel, con ilustraciones descriptivas y tipografía de gran tamaño; uno de los más importante exponente de esta modalidad fue el pintor y diseñador gráfico Eutaquio Reinaldo Llanes con aportaciones de intensas tonalidades e influenciadas de la pintura mural. Estos factores unido a la repetición de temas, condujo a un estancamiento y aunque se realizaron diseños en los que estuvieron presentes expresiones gráficas sintetizadas y aunque no se logró su inmediata recuperación, al igual que en los periodos anteriores, se lograron editar algunos carteles que como los Heriberto Echeverría y Faustino Pérez Organero relumbraron por sus bellezas y originalidad.

En medio de tal situación una considerable cantidad de diseñadores, teniendo en cuenta su formación académicas en artes plásticas y sus potencialidades e inclinación artísticas retomaron nuevamente la pintura y comenzaron a crear obras pictóricas. Otros marcharon al extranjero de forma permanente o transitoria en busca de espacio que le permitieran aportar sus experiencias en la gráfica en instituciones docentes o agencias publicitarias.

Posteriormente con los bruscos cambios ocurridos después de la caída del muro de Berlín y la desaparición del campo socialista, en la que el país realizaba un 85 % de su intercambio comercial, ante la crisis económica que internamente se originó la industria gráfica quedara paralizada, muchos de los egresados de las escuelas de diseño en virtud de su excelente formación académica recibida marcharon también a trabajar la publicidad en otros países o en firmas extranjeras que se acreditaron en el país a partir de la una apertura de mercado que se originó a comienzo de los años noventa.

Jóvenes titulados de las escuelas de diseño, junto a graduados de escuelas de artes, ante el agravamiento de la crisis económica del país y de la caída vertiginosa de la producción grafica, por iniciativas propias y sin apoyo institucional, asociados en grupos comenzaron a crear bocetos de carteles que en ocasiones sus reproducciones no rebasaban más de su original digitalizado, los que en su quehacer artístico comenzaron a reflejar nuevos símbolos y signos

Esa iniciativa sobrevenida en un nuevo movimiento de la vanguardia grafica que se extendió durante la década del noventa, tuvo como principales precursores a Eduardo Marín; egresado de diseño y Vladimir (Viado) Llaguno; graduado de artes plástica; lo iniciaron con el cartel La plástica cubana se dedica al baseball y se produjo justamente cuando se inició un proceso denominado Movimiento Nuevo Arte Cubano. Ambos creadores, asociados a un grupo denominado Nudo, simbolizaron nuevamente el proceso de fusión de los años sesenta; entre artistas de la plástica y diseñadores que se consagraron, en aquel momento, a la formulación de carteles que reflejaron las grandes tareas y aspiraciones de transformaciones revolucionarias, y que en la nueva circunstancias para reflejar las dificultades por la que atravesaba el país buscaban la información similar a la labor de un reportero gráfico.

Simultáneamente se originó un movimiento propagandístico que auspició la dirección política de la juventud cubana, en las que participaron jóvenes graduados de diseño, en los que apoyaban su visualización visual a partir de frases que tomaron de expresiones populares y canciones y el empleo fragmentados de la bandera nacional que fusionaban con la tipográfica de sus textos similar a los slogan de la acciones publicitarias, estas contribuciones aunque mostraron pocas inspiraciones artísticas, en un momento de fuerte interrogación ideológica, lograron establecer un movimiento de agitación política entre los jóvenes de apoyo a la ideología revolucionaria

Con similar propósitos al Grupo Nudo, forjando un cartel con conceptos estéticos-comunicativos, no empleados con anterioridad y reflejando también el quehacer del periodo especial estuvieron las contribuciones gráficas de los integrantes del denominado grupo Nueva Generación, integrado por jóvenes graduados del ISDI y asociado al movimiento internacional ICOGRADA (Internacional Council of Grapih Design Associations), sus fundadores fueron José Menéndez, Iván Abreu y Ernesto Romero. Posteriormente formaron partes de esa integración, entre otros miembros: Julio Caunedo, Alexander Pozo, Virginia Acebo, José Nieto, Oscar Oramas, Fernando Florit, Ariel Caicedo y Raúl Cordero

Junto a la gráfica suscitada por la dirección política de la juventud cubana, identificada con la sigla UjotaCé y los inspirados aportes de la nueva vanguardia que promovieron jóvenes integrados en diversas agrupaciones independientes; se editaron carteles de temas políticos y de orientación social en los que aunque no se logró la diversidad y cuantiosas cantidades que en años anteriores, si dispusieron de su tradicional persuasión.

Igualmente por la presencia en el país de numerosas firmas mixtas y extranjeras, la despenalización del dólar, el impulso al desarrollo de la industria turística (principal fuente de ingreso de divisas convertibles del país) y de otras ramas de la economía destinadas a la exportación, propiciaron el retorno de las acciones publicitarias a la cual se incorporaron numerosos diseñadores gráficos que habían estados vinculados en la creación de carteles desde los años de la década del sesenta. A diferencia de la heredada al triunfo de la Revolución, la publicidad se reanudó, como instrumento orientadora del consumo. Esta nueva situación trajo como resultado que la publicidad comercial compartiera el mismo radio de influencia con la gráfica política sino de admitir cobertura y usar ambas modalidades los medios que influirán sobre el público receptor.

Aunque en ese periodo se redujo la posibilidad de la realización de filmes cubanos se editaron determinados afiches para promover algunos de realizados en coproducíón con fílmicas de otros países y los de los festivales del cine. En una tentativa por revitalizar el diseño gráfico de la propaganda cinematográfica se vincularon jóvenes diseñadores con dominio de las habilidades pictóricas, entre los cuales estuvieron: Ernesto Ferraz, Manuel Marcel, Paris Volta e Irenaldo Fumero, los cuales desempeñaron sus aportes junto a jóvenes y experimentados artistas de la plástica, ejemplos: Moises Finales y Umberto Peña; los cuales crearon nuevos códigos que posibilitaron una identidad visual renovada a la grafica cinematográfica y en particular en sus afiches.

En el espectro de la vida cultural, a finales de la década del noventa, se originaron importantes contribuciones para la conmemoración de los veinte años de la desaparición física del músico John Lennon, que integró la afamada agrupación Los Beatles, para la que el destacado artista plástico Roberto Fabelo aportó el diseño de un cartel para rendir tributo a ese destacado músico, asimismo a partir de la edición de la VIII Feria Internacional del Libro de La Habana, que dedicada a México contó con la participación de 28 países y tres organismos internacionales y el que se vaticinó que durante la celebración en el año 2000 de la IX Feria Internacional del Libro de La Habana, su realización se extendería a diversas ciudades del país; se amplió el empleo del cartel editorial.

Y aunque no estos años de la década del noventa no se logró alcanzar en la producción de carteles la efectividad grafico comunicativa de la década del sesenta se realizaron diversas acciones para su reanimación y hacer preponderar el quehacer de sus creadores y de las temáticas reflejadas que trascienden más allá del tiempo en que fue concebido.