Jesús
Nodarse refleja en su pintura personajes sensuales, sin complejidad
intelectual alguna, que disfrutan de la vida, de los placeres
del cuerpo, de la vida sencilla. Personajes para quienes “la
vida es una y hay que vivirla”. Que no sienten rubor en
exhibir su cuerpo desnudo, con lo que “demuestran la alta
estima que tienen de sí mismos, su posición de
ventaja, de sentirse superiores”, al decir del pintor.
Sus
figuras sobredimensionadas parecen rendir culto al hedonismo,
ser vanidosas y frívolas, pero en realidad se trata de
personajes cuyo sentido de la vida es uno: disfrutar los momentos
agradables, contemplar el mundo, no redimirlo ni cambiarlo.
En suma, personajes que no hacen la menor concesión a
la opinión del prójimo.
Mediante
una adecuada selección de colores cálidos, suaves,
al tiempo que rotundos y bien definidos con los que da vida
a sus personajes, a sus vestidos y a los objetos de que se rodean
para vivir a plenitud, el pintor nos trasmite un aire de sensualidad
convincente.
Sus
personajes no requieren de claves ocultas, ni muestran intención
de querer trasmitirnos otro mensaje que el de lo mucho que disfrutan
los placeres mundanos, lo que parece evidenciar una cierta posición
contemplativa del artista y de respeto al estilo de vida de
sus criaturas rubicundas y rebosantes de salud y felicidad.
Oculto tras su pintura está el misterio que anima cada
obra: la cosmovisión moderna que se nutre de la disparatada
fusión de un alma caribeña, la cultura occidental
y cristiana, la impronta orientalista, los ancestros españoles
y africanos, trece años de estudios académicos
y casi treinta de profesor de arte, la proverbial belleza de
la mujer cubana dada por la riqueza de tipos y mezclas raciales
unido a una feminidad poco común en nuestro tiempo, constituye
punto de partida de su expresión artística.