Emplazada en el corazón de la Habana
Vieja, zona histórica declarada Patrimonio
de la Humanidad, la Catedral de La Habana constituye
un lugar de visita obligada durante un viaje
a Cuba, por su belleza arquitectónica
de estilo barroco y su marcado entorno colonial,
que nos transporta siglos atrás en la
historia cubana.
Esta fue construida en 1788 por el rico obispo
de Salamanca, dedicada a la santísima
Virgen. Jesuitas se encargaron de los planos;
y de ampliaciones y embellecimientos desde 1802
a 1832 se encargó el monseñor
Díaz de Espada. La nave central estuvo
ocupada hasta la independencia de la isla por
un monumento funerario dedicado a Don Cristóbal
Colón. Las esculturas y los trabajos
de orfebrería del altar así como
del tabernáculo estuvieron a cargo del
italiano Bianchini, las pinturas interiores
fueron realizadas por el pintor francés
Jean-Baptiste Vermay. Su arquitectura barroca
y su marcado entorno colonial, nos transporta
siglos atrás en la historia cubana.