El 27 de noviembre de 1492, el navegante
genovés Cristóbal Colón
divisó lo que definió como
"una montaña alta y cuadrada
que parecía isla" y que más
tarde recibiría el nombre de Yunque
de Baracoa.
Llamada así por su extraña
forma, modelada durante milenios por la
fuerza erosiva de las aguas del
río
Toa y su afluente el Guineo y por la
corriente del Duaba, ese hermoso peñón
se alza a 538 metros de altitud sobre el
nivel del mar.
Desde su cima achatada se dominan la Bahía
de Baracoa, los cursos inferiores del
río
Toa y del Duaba, y gran parte de la
costa norte oriental de Cuba.