El rio Toa, cuyo nombre proviene de una
voz indígena que significa: rana,
es el más caudaloso de la isla y
por sus espesos y hermosos contornos boscosos
se le ha nombrado el Amazonas de Cuba.
Su cabecera se encuentra en las alturas
llamadas Cuchillas de Baracoa, la
región más oriental del país,
rodeada de bosques que encierran una riquísima
flora aún no bien estudiada por los
científicos cubanos. Su desembocadura
se encuentra al noroeste de la
ciudad
de Baracoa.
El curso o longitud del río es de
118 kilómetros. Su cuenca, de 1 053
km2, está rodeada de tupidas selvas,
cuajadas de cocoteros, café, cacao,
la
palma
real, bambú, yagruma, maderas
preciosas y yerbas medicinales y, sobre
todo, abunda la
mariposa,
Flor Nacional de Cuba, que perfuma agradablemente
todo el entorno. Entre su fauna figuran
numerosos pájaros, en particular,
el
tocororo,
Ave Nacional cubana y se ha localizado el
almiquí,
pequeño insectívoro cubano,
el cual se consideraba extinto; en sus serranías
se encontraba hasta hace poco tiempo el
último reducto del
carpintero
real.
El Toa, perteneciente a la vertiente norte,
recibe las aguas de 71 afluentes, que jamás
dejan de correr, ni siquiera en las más
fuertes sequías. Tiene la mayor pendiente
media de los ríos cubanos.
Posee varias cascadas como El Saltadero,
con 17 metros de altura, aunque recientes
exploraciones consideran que allí
existen saltos de agua aún mayores.
Las corrientes toanas adquirieron un toque
de leyenda, al devenir tiempo atrás
principal vía para el traslado de
frutos, especialmente el plátano
(banano), a bordo de cayucas, pequeños
botes rústicos, movidos por el cayuquero
o tripulante quien, parado en la popa, lo
impulsaba a través de las agitadas
corrientes, mediante una palanca o vara.
En sus aguas encontraron alimento los mambises
durante las guerras de independencia del
siglo XIX. Este río fue, ademas,
sitio habitacional de los aborígenes
que integraron las primeras culturas agroalfareras
de Baracoa, hace más de 700 años.