Ubicada en una ensenada de la Bahía
de Corrientes,
Península
de Guanahacabibes, se encuentra una
de las playas más pintorescas del
paisaje cubano: la de Maria La Gorda.
Su nombre se achaca a una leyenda. Cuentan
que un grupo de piratas provenientes de
Venezuela, llegaron hace siglos a esa zona
de la costa sur de Pinar del Río,
en el extremo más occidental de Cuba,
y traían consigo a una joven muy
bonita y pasada de libras, a la que habían
tomado como rehén durante un asalto
a un bar en aquel país sudamericano.
Al llegar a ese rincón pinareño
levantaron una casa de guano en la costa
arenosa de la llamada Ensenada del Resguardo
y tiempo después se marcharon para
no volver jamás. María quedó
sola y desamparada y comenzó a comerciar
con agua potable y también con su
cuerpo. Dicen que sus baños y rituales
eran sorprendentes y aquel sitio pasó
a llamarse Las Tetas de María La
Gorda.
Según versiones, ella murió
en aquella playa muy vieja y más
obesa que nunca, aunque nadie sabe donde
está enterrada. La zona constituye
un paraje con abundantes sitios idóneos
para el buceo por la excelencia de sus multicolores
fondos marinos, con aguas transparentes
y resguardadas de las corrientes del Golfo.