En
Cuba los lagos son pequeños, de ahí
que se les denominen lagunas, las cuales
pueden ser de agua dulce o salada.
Las lagunas dulces son aquellas alejadas
de la costa y las que están próximas
al litoral y se comunican con el mar, pueden
ser de agua salobre o salada. El río
Cauto,
el
Zaza,
Cuyaguateje
y el
Sagua
la Grande, han formado lagos de herradura.
Entre las más importantes de esas
reservas acuáticas se encuentran
las de la provincia de
Pinar
del
Río, ubicadas entre las ensenadas
de Cortés y la de Guadiana, la región
lacustre más característica
de la isla, pues de costa a costa existen
más de 100 lagunas. La mayor de ellas
es la denominada El Pesquero, con seis kilómetros
de longitud, dos de ancho y una profundidad
de cuatro metros; le sigue la del valle
San Juan, con sus 25 metros de fondo y 110
metros de diámetro, aproximadamente.
El territorio de
La
Habana cuenta con la
Laguna
de Ariguanabo, antiguamente la mayor
de Cuba, mientras en la vecina
Matanzas
se localiza la hermosa
Laguna
del Tesoro, en la no menos famosa
Ciénaga
de Zapata. En la parte sur de Zapata,
también se localiza la Laguna Facundo,
con 100 metros de diámetro y 47 de
profundidad, considerada la más honda
del país.
La nombrada
Laguna
de la Leche y la denominada
La
Redonda, en territorio camagüeyano,
constituyen otros dos ejemplos de los principales
estanques naturales en el
archipiélago
cubano. Sin embargo, la configuración
geográfica de Cuba experimentó
un cambio notable en los últimos
35 años, al crearse capacidades de
almacenamiento de agua por más de
siete mil millones de metros cúbicos,
lo que equivale a dotar al país de
un enorme lago, surgido de la mano del Hombre,
cuya hipotética superficie rebasa
la cifra de unos mil 600 km2, lo cual multiplicó
en 145 veces el anterior volumen regulado
del preciado líquido por presas y
pequeños embalses.
La construcción de obras hidráulicas
fue estimulada, a partir del paso por Cuba
del ciclón Flora (1963), uno de los
más desvastadores que han azotado
la isla en los últimos tiempos. Igualmente,
surgieron como forma de enfrentar los períodos
de sequía, manifestados especialmente
en las regiones orientales por aquellos
años.
Antes de 1959, sólo existían
en Cuba seis presas en funcionamiento, cuya
capacidad conjunta era menor a los 30 millones
de metros cúbicos de agua y su función
era la de abastecer a las poblaciones de
Santa Clara, Camagüey, Holguín
y Santiago.
De acuerdo con datos de esa etapa, ni un
solo embalse de importancia estaba destinado
a la agricultura. Por aquellos años,
la hoy llamada Presa
Hanabanilla-Jibacoa,
estaba a medio hacer y los constructores,
pertenecientes a una compañía
norteamericana, se marcharon de la isla
sin terminarla. Esa obra quedó concluída
en 1962.
En los últimos años, se construyeron
numerosos embalses con el objetivo de abastecer
de agua los diferentes planes agrícolas
y evitar las inundaciones ocasionadas por
las abundantes lluvias. Entre las obras
hidrotécnicas más importantes,
se encuentran el
Conjunto
Hidráulico Pedroso-Mampostón,
en la provincia de
La
Habana y en la provincia de
Villa
Clara la
Presa
Alacranes, una de las mayores del territorio
nacional.
Sancti
Spíritus cuenta, desde 1973,
con el mayor embalse de Cuba: la
Presa
Zaza. También sobresalen la
Carlos
Manuel de Céspedes, sobre el
río
Contramaestre
y la
Gilbert
Valdés Roig, en las aguas del
Cauto,
la corriente fluvial más extensa
del país.
Muchos de los embalses que existen actualmente,
se aprovechan para la cría y captura
de peces, así como para el turismo
y los deportes naúticos. Por ejemplo,
en las aguas de la presa La Coronela, provincia
de La Habana, fue instalado el canal de
remo olímpico, utilizado durante
los Juegos Panamericanos efectuados en Cuba,
en 1991.