Se
define por isla una irregularidad del fondo
oceánico, lo suficientemente alta
para surgir por encima de las aguas. Las
que se encuentran separadas de los continentes
por canales poco profundos y son realmente
parte del continente próximo, al
cual están unidas por la misma plataforma,
son denominadas continentales, ejemplos:
Islas Británicas (Europa); Terranova
(América del Norte); Ceilán
(Asia); Madagascar (África).
Si el mar desciende, esas ínsulas
pasarán a formar parte de sus respectivos
continentes. Las que se elevan en medio
de los océanos, son llamadas oceánicas
y casi siempre son de origen volcánico,
entre ellas figuran las de Hawai, Tahití
y Samoa, en el Pacífico.
Un tercer tipo surge cuando las cimas de
altas cordilleras, se elevan sobre el mar
y son nombradas orogénicas, o sea,
cuyo origen es semejante al de las montañas.
Los archipiélagos de las Antillas
(incluída Cuba), las Filipinas y
el Japón se encuentran en esa clasificación.
Algunas islas pequeñas se forman
por la acción de las olas, que separan
ciertas partes de la costa; otras se originan
debido al depósito frente al litoral
de materiales transportados por las olas
y los ríos, para dar lugar a lo que
se conoce por delta.
En los mares calientes de las regiones tropicales,
abundan las islas formadas por la acumulación
de esqueletos calizos de corales y otros
pequeños organismos, denominadas
coralinas, muy abundantes en el Pacifico.
Al igual que los continentes, las islas
también poseen plataforma.
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