Las
investigaciones hidrogeológicas en
Cuba tuvieron un desarrollo sistemático,
a partir de 1959. Anteriormente, el desconocimiento
de las características de los acuíferos
del subsuelo y su explotación intensiva,
trajeron como consecuencia la salinización
de las aguas subterráneas, en unos
casos y, en otros, el agotamiento de las
reservas naturales de esas fuentes hídricas
en muchos lugares de la isla.
Como resultado de esos estudios, por primera
vez en el país, se hizo un balance
del potencial hídrico de las cuencas
cársicas subterráneas. Diferentes
autores concordaron en revelar, que más
del 65 por ciento del territorio nacional
está ocupado por estructuras geológicas
favorables a la presencia de cavernas y
ríos subterráneos (carso).
Otras investigaciones están encaminadas
a la obtención de fuentes de abasto,
para regadíos y uso doméstico;
evitar el agotamiento o salinización
de las aguas en explotación, así
como asegurar que la apertura de nuevos
pozos, no afecte la salud del hombre, la
agricultura o el propio acuífero,
entre otros propósitos.
En buena parte del territorio cubano, muchas
de las corrientes fluviales tomaron un curso
subterráneo; otras fluyen entre gigantescas
cuevas; o también emergen de esas
hoquedades. En este último caso,
el lenguaje popular ha denominado a estos
accidentes geográficos: ojos de agua,
manantiales o resolladeros.
Un ejemplo típico de corriente fluvial
subterránea es el río Jatibonico
del Norte, en el límite de las
provincias
centrales y Camagüey; otros como
el
río Cuyaguateje y el Santo Tomás,
fluyen bajo tierra en algunos tramos de
su trayectoria.
Son muy apreciadas las aguas de los manantiales
minero-medicinales de San Diego de los Baños,
en
Pinar
del Río, Ciego Montero en
Cienfuegos,
Madruga, en
La
Habana y los de
Elguea,
en
Villa
Clara.
Cuba puede ser considerada una especie de
paraíso para los espeleólogos,
por la cantidad, diversidad, dimensiones
y belleza de sus cavernas, cuevas o grutas.
Estas manifestaciones del mundo subterráneo,
han sido estudiadas desde mediados de este
siglo por la Sociedad Espeleológica
de Cuba, primera agrupación científica
de su género organizada en América
Latina (1940), fundada por el doctor Antonio
Núñez Jiménez y un
grupo de colaboradores.
De esta manera, se ha logrado inventariar,
explorar y estudiar, a lo largo de mas de
50 años de existencia de esa institución,
miles de espeluncas, como tambíen
se le llama a esos fenómenos cársicos
subterráneos.
La Espeleología (ciencia que estudia
las cavernas, cuevas o grutas) cubana, encuentra
en Pinar del Río uno de los territorios
más ricos en extensos laberintos
bajo tierra, entre los que cabe mencionar
la
Gran Caverna de Santo Tomás,
en la Sierra de Quemados, que forma parte
de la
Sierra
de los Órganos, señalada
como la más larga del
archipiélago
cubano y una de las mayores del área
latinoamericana. Le sigue muy de cerca,
en este mismo macizo calcáreo, el
Sistema
Cavernario Majaguas-Cantera, donde se
localizan los más enormes volúmenes
cavernarios de Cuba y del mundo.
Sin duda alguna, la provincia de
Matanzas
es también rica en cavidades bajo
el subsuelo, cuyo mejor exponente por su
belleza y originalidad, es la
Cueva
de Bellamar, perteneciente al Sistema
Cavernario Bellamar-Gato Jíbaro,
famosa por sus decoraciones cristalinas.
Al sur del territorio matancero, se encuentra
el Sistema Espeleolacustre de la
Ciénaga
de Zapata, un grupo numeroso de cavernas
inundadas de aguas transparentes y profundas
entre las que se destacan la denominada
Casimba
XXXV Aniversario, con 73 metros de profundidad.
Las montañas de Cuba también
albergan en sus entrañas enormes
excavaciones realizadas por las aguas subterráneas,
entre las que sobresalen la
Sima
Cuba-Magyar, la más profunda
de la isla, localizada en la Sierra de Trinidad
y las famosas simas o espeluncas verticales
Cueva
Jíbara y
Furnia
de Pipe, muy cerca una de otra en las
calizas de Baire, flanco norte de la
Sierra
Maestra.
Durante exploraciones hechas por espeleólogos
cubanos a diferentes grutas y cuevas del
país, vienen localizándose
importantes hallazgos de restos humanos,
pertenecientes a las culturas aborígenes
de la isla, las cuales empleaban estos antros
subterráneos en variadas actividades
de su quehacer cultural y económico.
Además, bajo los sedimentos recientes
excavados en las cavernas, han aflorado
osamentas de la muy diversa fauna que habitó
el archipiélago cubano hasta hace
menos de un milenio, entre la que se encontraban
aves gigantes (lechuzas y águilas)
varias especies de
jutías
(roedores de gran tamaño), de perezosos,
insectívoros, simios y cánidos
(perros silvestres), por sólo citar
algunos ejemplos.