| Llamada
el Balcón de Oriente, pues allí
se inicia esa región de Cuba, Las
Tunas se diferencia del resto de las ciudades
del país: en ella no existen huellas
de su pasado colonial.
Para llegar a saber el por qué de
ese rasgo distintivo es necesario hacer
un poco de historia. El territorio actual
de esa región estaba ocupado por
el cacicazgo de Maniabón, al norte,
y el de Cueybá, al sur, a la llegada
de los conquistadores españoles.
Se señala como la más antigua
referencia histórica de aquel lugar,
el arribo de Alonso de Ojeda al pueblo de
Cueybá en 15l0, tras naufragar la
nave en que viajaba hacia La Española
(hoy República Dominicana). El recién
llegado, con una funesta reputación,
a causa de los crímenes cometidos
contra los aborígenes de otras tierras
americanas, traía consigo una imagen
de la Virgen María, la cual había
prometido entregar al primer pueblo que
encontrase. Por tanto, Ojeda le regaló
la efigie al cacique de Cueybá y
le ordenó construir una ermita, donde
los nativos mostraban gran devoción
a la santa.
Fue así que ese asentamiento se convirtió
en el primer lugar de Cuba donde se erigió
un templo de la religión católica.
Una vez fundada la villa de Bayamo, todo
el territorio tunero quedó comprendido
dentro de la demarcación del cabildo
bayamés. En el siglo XVIII comenzó
a fomentarse lentamente el poblado con la
apertura de sitios o estancias, concedidos
por los dueños de haciendas a aquellos
que pasarían a nombrarse colonos.
A fines de esa centuria se creó el
Partido de Las Tunas, generalizándose
la denominación de Tunas de Bayamo
y en 1847, surgió la Tenencia de
Gobierno.
El 29 de abril de l848 alcanzó la
categoría de municipio y al año
siguiente, quedó constituido el Ayuntamiento,
segregándose de Bayamo. Vale hablar
aquí del nombre original. Cuentan
que por aquel entonces había un gran
hacendado que vendía reses. Los comerciantes
decían: vamos a comprar ganado a
la hacienda de las tunas, porque allí
crecían esas plantas, y de ahí
surgió el apelativo de Las Tunas.
Un primer intento mambí de ocupar
aquella población lo protagonizó
Joaquín de Agüero y Agüero
en l851, aunque no fue hasta el l3 de octubre
de l868, tres días después
del alzamiento de La Demajagua, que las
tropas cubanas lograron entrar allí.
La primera "quema" de la ciudad
ocurrió el l6 de agosto de l869.
Unos mil 600 hombres dirigidos por el general
cubano Manuel de Quesada, envolvieron en
llamas el poblado, pues aunque su triunfo
era inminente en el combate que libraban
contra las fuerzas españolas, decidieron
retirarse ante el rumor de la llegada de
refuerzos del enemigo. Los colonialistas
interpretaron eso como una batalla ganada
por ellos y, a partir de ahí, le
cambiaron el nombre a la ciudad por el de
Victoria de Las Tunas, la cual reconstruyeron
manteniendo su trazado original y levantaron
fuertes, fosos, alambradas y cuarteles,
incluyendo uno que ocupaba una manzana a
la entrada del pueblo conocido por Las 28
columnas.
Siete anos después, el 23 de septiembre
de l876, el Mayor General Vicente García,
logró tomar aquel sitio con una estrategia
considerada única en la historia
de Cuba: sólo a golpe de machete.
El militar había orientado a sus
soldados "combatir desnudos de la cintura
para arriba", y así identificarse
en la oscuridad mediante el tacto y "descargar"
el machete contra todo aquel que llevara
camisa.
Una vez alcanzado el éxito tres días
después, el jefe mambí decidió
incendiar nuevamente la ciudad para evitar
que cayera en manos españolas. Se
refiere que orientó comenzar a quemar
por su propia casa. Algunos historiadores
señalan que en esta oportunidad fue
que se adopto el nombre de Victoria de Las
Tunas.
Reconstruida otra vez por los gobernantes
ibéricos, aquella población
volvería a ser pasto de las llamas.
El 30 de agosto de l897, luego de intensos
combates, el Mayor General Calixto García
ordenó reducirla a cenizas, sólo
que en esa oportunidad sus casas, comercios
y obras militares desaparecerían
para siempre.
Hay versiones que achacan al éxito
de ese militar cubano el nombre definitivo
de Victoria de Las Tunas. Todo este bosquejo
histórico explica el por qué
quien llega hoy a ese lugar de Cuba, se
encuentra ante una ciudad que a pesar de
haber sido fundada en 1796 y recibir el
título de villa en 1853, en plena
etapa colonial, no conserva rasgos de aquella
época. No fue realmente hasta mediados
del siglo XX en que comenzó a resurgir,
abriéndose paso una nueva concepción
en su arquitectura: el eclecticismo, es
decir, una mezcla de lo mejor de diferentes
estilos constructivos. De ahí la
presencia de bellas residencias de mampostería
y tejas con variedad de columnas y la profusión
de portales que flanquean las calles, especialmente
la otrora nombrada Isabel II, rebautizada
Vicente García en homenaje al jefe
mambí, al cual también le
fue levantado un monumento en el parque
que lleva su nombre.
La antigua casa de ese alto oficial del
Ejército Libertador, quemada por
orden suya junto con toda la ciudad, quedó
reconstruida a semejanza de la original
y convertida en Museo Provincial. Victoria
de Las Tunas, o simplemente Las Tunas, exhibe
hoy áreas con grandes esculturas
realizadas por notables artistas cubanos
y sigue rindiendo homenaje permanente al
cantor de los campos cubanos, Juan Cristóbal
Nápoles Fajardo, El Cucalambé.
La estampa de lo que fue el Balcón
de Oriente en su etapa colonial permanece
en el recuerdo de sus pobladores más
viejos. Los más jóvenes sólo
saben que bajo la urbe actual reposa la
primitiva Victoria de Las Tunas, la que
al igual que el Áve Fénix,
resurgió de sus cenizas...transformada
totalmente. |