Trinidad,
la tercera ciudad más antigua de
Cuba, con sus calles empedradas, construcciones
coloniales y su Plaza Mayor rodeada de museos,
es un lugar de Cuba donde el tiempo parece
haberse detenido, aunque su historia siga
escribiéndose en el presente.
Según historiadores, el conquistador
Diego
Velázquez llegó en canoa
al territorio de Guamuhaya, el 21 de diciembre
de 1513, y comprobó que aquel lugar
se encontraba muy poblado. Remontando el
río Tayaba encontró una población
indígena que denominó Manzanillo.
En enero de 1514, Velázquez fundó
la villa de la Santísima Trinidad,
a orillas del
río
Arimao, en misa oficiada por
fray
Bartolomé de Las Casas. A finales
del propio año, el poblado fue trasladado
hacia el asentamiento aborigen de Manzanillo,
su lugar actual.
El conquistador tomó en cuenta para
la creación del poblado la cercanía
de ríos, facilidad para las comunicaciones
exteriores, abundancia de tierras fértiles
propias para la agricultura y la ganadería,
existencia de minas de oro, pero sobre todo,
previó el hecho de que habían
indocubanos para dedicarse al trabajo. O
sea, fueron factores económicos los
que motivaron la fundación de la
villa trinitaria y en esa misma fecha la
de Sancti Spíritus, "El sitio
en muy buena parte, muy sana y casi en el
medio de la provincia" (refiriéndose
a la provincia de Guamuhaya, expresó
Velázquez al Rey de España
en carta enviada el primero de abril de
1514 para anunciarle la creación
de Trinidad y elogiar sus riquezas).
Los siglos XVI y XVII fueron abundantes
en ataques de corsarios y piratas, y a finales
del XVIII trinitarios y espirituanos se
integraron a las milicias comandadas en
La Habana por Pepe Antonio (regidor de Guanabacoa),
durante el ataque de los ingleses.
En 1797, los británicos amenazaron
con invadir Trinidad, pero no lo lograron
por la resistencia de su pueblo, hecho que
quedó inscrito en dos de los escudos
de armas de la ciudad. Otro dato histórico:
en esa villa Hernán Cortés
incrementó sus tropas para partir
hacia la conquista de México.
Fue en las calles trinitarias donde apareció
un pasquín político que decía:
"Señor Ayuntamiento, la libertad
por la razón o la fuerza, Independencia
o muerte, 1822", en una de las primeras
acciones de ese tipo en la isla, y expresión
de la inquietud que reinaba en esa urbe,
mientras se gestaban las luchas independentistas
contra España.
Andando el tiempo, aquella ciudad del sur
de Cuba, de cara al
Mar
Caribe y muy montañosa, devino
la más rica de las poblaciones del
centro de la isla, gracias al incremento
de los centrales azucareros en las primeras
décadas del siglo XVIII.
En sus estudios sobre Geografía de
Cuba, el doctor Antonio Núñez
Jiménez refirió que en el
pasado allí existieron dos mil fábricas
de azúcar. De ahí que el
valle
de San Luis pasó a denominarse
valle de los Ingenios. El desarrollo azucarero
originó las grandes fortunas de algunos
hacendados trinitarios, quienes construyeron
impresionantes casas palaciegas y, al mismo
tiempo, trajo como consecuencia profundos
cambios sociales y económicos para
la región, como el aumento de la
miseria y el desempleo. Poco a poco las
otrora suntuosas residencias quedaron abandonadas.
La razón de esa decadencia es explicada
por algunos como "cansancio" de
los terrenos del valle para la siembra de
caña. Otros afirman que Trinidad
también perdió su primacía,
a partir del desarrollo de varios puertos
abiertos al comercio libre, como el de Cienfuegos.
Del Valle de los Ingenios hoy sólo
queda el recuerdo, revivido para los vecinos
y visitantes en los restos de aldeas donde
se hacinaban los esclavos, o en caserones
solitarios, elegantes campanarios, como
la torre del ingenio Manacas Iznaga, declarada
Monumento Nacional, zona donde han sido
localizados más de 70 sitios de arqueología
colonial.
Trinidad, importante ciudad y municipio
de la provincia espirituana, basa hoy su
economía en la producción
azucarera y la ganadería, pero sobre
todo, es sitio obligado del turismo, por
encontrarse allí el conjunto arquitectónico
más completo del país, y uno
de las muestras más atrayentes de
la isla: el Museo Romántico, fiel
exponente de pasadas épocas. Rodeando
la Plaza Mayor también se hallan
los Museos de Arqueología, el de
Ciencias Naturales, de la Lucha Contra Bandidos
y de la Arquitectura Colonial.
En sus edificaciones se mezclan estilos
artísticos de distintas influencias;
sus casas son bajas, construidas con barro,
techos de tejas y exhiben elaborados barrotes
de madera, aleros y puertas muy ornamentadas.
Las fachadas e interiores muestran los tonos
de hace dos siglos: amarillo, verde y azul
brillante.
Declarado Monumento Nacional en 1978, ese
rincón de Cuba ocupa mil 155 kilómetros
cuadrados, de los cuales 8,8 pertenecen
al área urbana y el mayor por ciento
de sus habitantes reside en el llamado "casco
histórico", que guarda en sí
la mayor riqueza histórico-cultural
de la región.
La belleza y valor testimonial de esa ciudad
recibió el más alto reconocimiento
en diciembre de 1988, cuando Trinidad y
el valle de los Ingenios fueron declarados
Patrimonio Cultural de la Humanidad, por
la Organización de Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO).