| La
Tierra del Sol y el Son, Capital del Caribe,
Ciudad Héroe, así se conoce
a una de las primeras siete villas fundadas
por el Adelantado Diego Velázquez,
hoy segunda urbe en importancia nacional:
Santiago de Cuba, bañada por las
aguas caribeñas.
Su rica historia comenzó a escribirse
allá por el oeste de la bahía
santiaguera, a orillas de una corriente
fluvial, morada de una pacífica comunidad
de aborígenes del cacicazgo de Bayatiquirí.
Aquella paz fue interrumpida por Velázquez
y varios de sus hombres, quienes llegaron
a las riberas del río Parada el 18
de junio de 1515, para fundar la villa a
la que llamaron Santiago en honor del Santo
Patrón de España, y Cuba,
por la denominación que daban los
aborígenes a la zona en que habitaban.
Más tarde se cambió para su
asiento actual.
Luego de perder Baracoa, la primera villa,
la condición de capital, esa sede
se trasladó a Santiago y radicó
allí hasta mediados del siglo XVI.
Con rango de Ayuntamiento desde sus orígenes,
adquirió el título de Ciudad
en 1552, deviniendo punto de partida para
la conquista hispana de otras tierras de
América.
Incendios, ataques y saqueos de corsarios
y piratas que la azotaron durante décadas,
motivaron la fortificación de sus
costas, cuyo eje central fue la fortaleza
del Morro, nombrada entonces San Pedro de
la Roca. Por su posición geográfica,
fue el lugar escogido para las inmigraciones
de negros esclavos y colonos franceses provenientes
de Haití, a fines del siglo XVIII,
hecho que influiría definitivamente
en la historia de la villa.
Más de 30 santiagueros alcanzaron
grado de General de la Guerra de Independencía,
durante las contiendas que se extendieron
a lo largo de 30 años, pero sólo
uno de ellos acaparó las mayores
glorias y alcanzó el sobrenombre
único de "Titán de Bronce":
el Lugarteniente General Antonio Maceo y
Grajales.
Todos afirman que en la historia contemporánea
de Cuba, Santiago se llevó las palmas.
El 26 de julio de 1953 tuvo lugar allí
el asalto al Cuartel Moncada, encabezado
por el joven abogado Fidel Castro Ruz, acción
que marcó el inicio de la lucha insurreccional
contra la dictadura de Fulgencio Batista.
La Granjita Siboney, lugar de donde partieron
los participantes en aquella hazaña,
es hoy un importante museo del país,
al igual que la antigua fortaleza militar.
Un recorrido al Santiago de finales del
siglo XX, muestra las huellas de aquellos
inmigrantes franceses de la pasada centuria.
De ellos quedó en las montañas
el cultivo del café y hasta el recuerdo
del piano, pues según cuentan los
más viejos, en esos parajes fue donde
primero se escuchó el sonido de ese
instrumento musical traido por los galos.
En la ciudad, las calles Gallo y Loma Hueca,
ésta última donde se encuentra
el teatro Tívoli, nombre de la actual
barriada allí existente, también
mantienen el reflejo de los ancestros francófonos
de los santiagueros.
Casas coloniales de puertas macizas, verjas
bellamente trabajadas por expertos herreros,
tejas rojizas, añejos balcones colgados
hacia calles estrechas, parques y plazas
arboladas, son el retrato viviente de un
pasado colonial, a la usanza española.
Modernos edificios altos, en franco desafío
a la región más sísmica
de Cuba, se mezclan también con escalinatas,
callejuelas sin final, empinadas calles...
Completan ese entorno antiguas iglesias
y fortalezas, una Catedral de fachada neoclásica,
la prestigiosa Universidad de Oriente y,
a sólo 12 kilómetros del centro
de la urbe, el santuario de El Cobre, Patrona
de la Isla de Cuba, lugar de peregrinaciones
y ofrendas. Cuna del primer obispo criollo
Santiago Echeverría y del primer
poeta del romanticismo americano, José
María Heredia, esa región
del oriente cubano es llamada igualmente
la tierra del son, sabroso género
musical de todas las épocas, uno
de cuyos principales exponentes fue el santiaguero
Miguel Matamoros. Pero hay más. Santiago
de Cuba destila y añeja "el
mejor ron del Caribe", al decir de
los cultores de la famosa bebida. Se afirma
que allí también nació
la mezcla insignia de la coctelería
de este archipiélago: el daiquirí,
a base de ron, limón, azúcar
y hielo, a batirlo.. y ya está.
Al caracterizar a los más de 450
mil santiagueros se resalta su hospitalidad,
alegría y fama de buenos bailadores,
y el hecho de que en ellos se resume el
más fuerte mestizaje de la isla,
nacido de la sangre taína, negra,
francesa, española y de otros grupos
diversos llegados de Europa, África
y Asia.
Precisamente, la huella francesa en esa
villa, donde en 1805 la tercera parte de
su población hablaba francés
o creole, la convierte todos los años
en sede de un festival cultural de los pueblos
caribeños en la que se denomina la
Capital del Caribe.
Se afirma que el intenso sol y calor permanentes
en aquella región moldearon, además,
en sus habitantes la vehemencia y rebeldía
demostradas a través de toda su historia.
Por ello, la antigua villa, situada sobre
un valle semicircular, con una de las bahías
más hermosas del mundo como fondo
y encerrada entre las montañas más
altas de la isla, es identificada con una
especie de slogan que la define así:
"rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica
siempre".
La distinción de Ciudad Héroe
de la República de Cuba y la Orden
Antonio Maceo, exhibidas en la fachada de
la sede del Palacio de Gobierno, expresan
el más alto reconocimiento a las
virtudes de Santiago de Cuba. |