Sancti
Spíritus, una de las primeras siete
villas fundadas por el Adelantado
Diego
Velázquez en la isla, es en pleno
siglo XX otro lugar de Cuba donde la modernidad
acaba por rendirse ante el vigente esplendor
del pasado colonial.
Su origen está vinculado a las raíces
aborígenes, pues al igual que tantas
otras ciudades cubanas, fue levantada en
tierras otrora ocupadas por asentamientos
taínos y subtaínos, dedicados
a la agricultura, la alfarería o
cerámica.
Cuentan que fue Velázquez, quien
luego de haber fundado Bayamo (la segunda
villa), decidió erigir al unísono
el poblado de la Santísima Trinidad
y otro al que pondría por nombre:
Espíritu Santo, con fecha primero
de abril de abril de 1514. Fue así
que casi en el centro de la isla, y "casi
en medio de los dos mares, del norte y mediodía",
como dijera el conquistador español,
surgió una nueva población,
en el sitio conocido por Cayo de la Iglesia,
eje de lo que más tarde se denominó
Pueblo Viejo.
Por aquel entonces, los colonos espirituanos
apoyaron los levantamientos que venían
ocurriendo en otras partes de la isla contra
el rey Carlos V de España. Incluso,
llegaron a formar un Ayuntamiento aparte
del erigido por el gobierno colonialista.
La primera muestra de rebeldía espirituana,
como la definen los historiadores, fue sofocada
luego del asesinato de Hernán López,
alcalde nombrado por los insurgentes.
Vendría después el traslado
de la villa a otro lugar. Dicen que el motivo
de ese movimiento fue una enorme plaga de
hormigas que hacia imposible la vida en
la región, aunque otras versiones
aseguran que fue por causas económicas.
De todas formas, en 1522 los espirituanos
se mudaron de las riberas del río
Tuinicú y el poblado se
convirtió en la villa del Yayabo,
al ubicarse en la margen izquierda de la
corriente fluvial homónima, con fértiles
tierras y amplias sabanas, sede del territorio
actual. Fue allí donde el 12 de agosto
de 1536, se hizo la primera entrega de terrenos
de que se tiene noticias en el Nuevo Mundo,
otorgados a Fernando Gómez, iniciándose
así el sistema latifundista de tenencia
de la tierra.
El territorio espirituano no escapó
a los ataques de corsarios y piratas, recordándose
muy especialmente los ocurridos entre 1660
y 1688, cuando Sancti Spíritus fue
saqueada y destruidos los archivos originales
del Ayuntamiento, la iglesia y otras edificaciones.
Trinitarios y espirituanos reforzaron las
milicias formadas en La Habana por el regidor
de Guanabacoa, Pepe Antonio, durante la
toma de la capital por los ingleses en 1762.
Hacia 1862, la producción azucarera
constituía un importante renglón
de su economía, con más de
40 ingenios y una fuerza de trabajo formada
por esclavos y semiesclavos, incluidos los
llamados colonos chinos.
Aquel territorio fue centro de operaciones
del General Máximo Gómez,
y en la región espirituana de Iguara
tuvo lugar el primer gran combate contra
las tropas españolas donde participaron
juntos Gómez y el Mayor General Antonio
Maceo, durante la Guerra de los Diez Años.
Regada de norte a sur por el caudaloso
río
Zaza, el mayor de Cuba después
del
río
Cauto, aquella villa es en el presente
una ciudad, cuyo nombre responde igualmente
a un municipio y a una provincia del archipiélago
cubano, donde se levantan las imponentes
serranías de Sancti Spíritus,
que constituyen la parte oriental de las
montañas
de Guamuhaya, también llamadas
Escambray. En las postrimerías del
siglo XX siguen vigentes allí verdaderas
estampas coloniales de anteriores centurias.
Ejemplo de ello es la Iglesia Mayor, construida
en 1680, expresión del catolicismo
de los primitivos colonizadores, centro
del entorno histórico espirituano,
en cuyo campanario un reloj marca desde
1771 el paso del tiempo.
Ese templo, el más antiguo de Cuba,
levantado con "cal y canto de madera
de
cedro
con paredes dobles de gran duración",
como se describe en documentos de la época,
sustituyó a un recinto anterior hecho
de madera con techos de paja, al igual que
el resto de las edificaciones de aquel entonces.
Los recuerdos de pasadas épocas también
están presentes en el Templo de Jesús
Nazareno, ubicado frente a la Plaza de Jesús,
edificado en 1687, el cual exhibe sus ruinas
luego del huracán de 1816. Quizás,
hay quienes encuentran mayor contraste en
los rincones coloniales que encierra el
Museo de la Ciudad, o en el antiguo puente
que enlaza el actual Sancti Spíritus
con la zona de su primera sede en Pueblo
Viejo.
Al recorrer la parte baja de la ciudad se
observan las viejas casas de anchas puertas
con escalones y un guardapolvo saliente,
techos de tejas rojas, empedrados callejones,
faroles colgados en balcones, en franco
desafío a las edificaciones que marcan
la etapa moderna de una de las más
añejas urbes cubanas.
Pero sobre todo, la ciudad cuenta con un
gran guardián de su historia, el
puente Yayabo, Monumento Nacional, adornado
con cinco grandes arcos sobre esas aguas,
único de su tipo que se conserva
en la isla, enlace con
Trinidad,
hermana gemela de Sancti Spíritus
en fundación, tradiciones y leyendas.