Región
verde, frondosa, surgida entre palmares,
con diversas zonas de hermosura natural
es hoy una de las más jóvenes
e importantes ciudades de Cuba.
Pero no siempre tuvo ese realce. Fue el
10 de septiembre de 1867 que la Reina Isabel
II de España le confirió el
título de ciudad, a un poblado formado
por un pequeño grupo de rudimentarias
casas.
En esa parte de la isla no fueron fundadas
villas en los primeros años de la
conquista española. Hacia 1571 comenzó
a explotarse el Hato de Pinar del Río.
En 1699 existía un poblado fomentado
por campesinos, quienes iniciaron el cultivo
del tabaco, renglón que quedaría
ligado para siempre al desarrollo económico
de la región. La proliferación
y dispersión de ese cultivo, en el
siglo XVII, dio realce al extremo occidental
cubano. El nuevo pueblo tuvo su primer asentamiento
en Guane, a orillas del
río
Cuyaguateje, y bautizado como Nueva
Filipinas.
Más tarde fue trasladado a San Juan
y Martínez y finalmente a un pinar
cruzado por un río, lo cual motivó
el nombre de la ciudad: Pinar del Río.
Su Ayuntamiento quedó establecido
en 1859 .
La primitiva vega vueltabajera (de Vuelta
Abajo, la mitad oeste de la actual Pinar
del Río) aventajaba a la de La Habana.
pues la primera se beneficiaba con el comercio
de contrabando. De acuerdo con historiadores,
eso explica, en parte, el aumento de la
población del extremo occidental
durante el siglo XVIII, por migración
de vegueros en busca de mejores condiciones
de vida, entre otras razones.
Por otro lado, las dificultades en las comunicaciones
aumentaban el aislamiento de Vuelta-Abajo,
pues sólo existían dos caminos
que la unían con La Habana y uno
de ellos, según se refiere, era "intransitable
hasta para los mulos" en la época
de lluvias. El tráfico comercial
con la vecina región habanera se
realizaba, fundamentalmente, a través
de las embarcaciones de cabotaje, pero estaba
sujeto a las incidencias del clima y a los
constantes ataques de piratas, corsarios
y filibusteros.
En los primeros años del siglo XIX,
comenzó a explotarse allí
el cultivo del café, a partir de
la introducción de técnicas
novedosas y productivas, traidas por inmigrantes
de la ex colonia francesa de Haití,
y también surgieron grandes sembrados
de caña, ante el auge de la rama
azucarera en la isla. A la vez, la ganadería
y la explotación forestal se mantuvieron
como renglones económicos de segundo
orden.
Por aquel período, surgieron líneas
de vapores por ambas costas, lo que facilitó
el tráfico comercial y más
tarde, la llegada del ferrocarril en 1894,
contribuyó a que las comunicaciones
mejoraran notablemente.
La historia de Pinar del Río también
está ligada a las luchas independentistas
del pasado siglo. La columna invasora comandada
por el Lugarteniente General Antonio Maceo,
compuesta por mil 560 hombres, penetró
en aquel territorio el 8 de enero de 1896
y en ese mismo año participó
en 64 combates, según se tienen referencias.
A pesar de los avances registrados, esa
ciudad se mantuvo como la más atrasada
del país, con la mayoría de
sus calles empedradas y polvorientas, mientras
el agua potable se recibía en forma
limitada y de una fuente insalubre. Aparte
del tabaco, su economía sólo
se basaba en cuatro fábricas artesanales,
talleres antiguos para la fabricación
de tejas de barro y otros de sastrería,
además de pequeñas dulcerías
y panaderías, únicas oportunidades
de empleo para los 48 mil habitantes con
que contaba antes de 1959.
Cuando falta poco tiempo para el cumpleaños
130 de la fundación de Pinar del
Río, su fisonomía es totalmente
diferente. Hoy es ciudad cabecera y municipio
de la provincia de igual nombre. Constituye
una ciudad con más de 160 mil habitantes,
situada a unos 160 kilómetros al
oeste de la capital de la isla, y ocupa
uno de los principales lugares del pais
en cuanto al desarrollo de la electrónica,
con la única industria dedicada a
la producción de componentes para
esa rama, además de poseer un gran
potencial de científicos y técnicos.
El entorno pinareño sólo recuerda
su pasado con la tranquila presencia de
su centenaria catedral, con portal de estilo
romano y hermosos vitrales, o bellas construcciones
coloniales de aire morisco. Sobre todo,
marcan una vuelta atrás en el tiempo,
obras artísticas de la arquitectura
que exhiben grandes pilares, por lo que
mantiene el sobrenombre de "Ciudad
de las Columnas, escoltadas por un entorno
de edificios modernos.
Su aislamiento ya no existe. Hace casi 10
años quedó enlazada con la
capital, mediante la amplia y cómoda
Autopista Nacional, que redujo a poco más
de dos horas el recorrido entre ambas ciudades
y facilita el desarrollo pinareño.
A Pinar del Río se le llamaba antiguamente
"La Cenicienta de Cuba", comparándola
con ese personaje de la literatura infantil
de mala presencia y relegada a un rincón.
En el presente, según se dice, la
Cenicienta se transformó en Princesa,
rodeada de cercanos y exuberantes paisajes
naturales, como el
valle
de Viñales, la Gran Caverna de
Santo Tomás, y de una fuente inagotable
de aguas minero-medicinales. Su reino sigue
siendo la tierra del mejor tabaco del mundo
y la ciudad por donde el Sol se despide
de Cuba.