Situada casi en el centro de la
región
oriental, se encuentra una de las más
importantes ciudades de Cuba: Holguín,
pujante y moderna, pero a la vez, con imborrables
huellas de su pasado colonial.
Según historiadores, el español
Bartolomé de Bastidia es considerado
el primero que fomentó un hato en
esa demarcación y posteriormente,
traspasó esa posesión a su
coterráneo el capitán García
Holguín. Ese militar fundó
el poblado en 1523, bautizado con su apellido
materno y ubicado entre los ríos
Jigüe y Marañón, de este
a oeste, y desde el Cerro de la Cruz (antes
Bramadero) hasta el río Paso de Cuba,
donde confluyen los dos anteriores, de norte
a sur.
El caserío quedó establecido
con los indígenas de los alrededores,
incluidos los de la comarca de Maniabón.
En la región holguinera se han realizado
numerosos hallazgos arqueológicos,
dada la gran presencia allí de asentamientos
aborígenes antes de la llegada de
los colonizadores.
Con un lento desarrollo inicial, alcanzó
el título de municipio en 1751 y
el 18 de enero de 1752, se convirtió
en la ciudad nombrada San Isidoro y Nuestra
Señora del Rosario de Holguín,
patronos que aparecen en su escudo de armas.
A partir de entonces, se independizó
de la villa de San Salvador de Bayamo (durante
los siglos XVI, XVII y parte del XVIII,
esa área estaba incorporada militar
y administrativamente a Bayamo).
Holguín estuvo muy vinculada a las
Guerras de Independencia. El 14 de octubre
de 1868, cuatro días después
del Grito de Yara, protagonizado por Carlos
Manuel de Céspedes, se alzaba el
holguinero Julio Grave de Peralta con unos
120 hombres, los cuales sólo poseían
como armas 20 escopetas, cuyos cartuchos
eran de producción artesanal y tenían
rústicas puntas de yaya, árbol
de madera dura.
La ciudad en poder de los españoles
estuvo sitiada por los mambises desde principios
de la contienda hasta febrero de 1869. Una
de las figuras más destacadas de
esas luchas fue el llamado General de las
tres guerras, Calixto García Íñiguez,
nacido en Holguín.
El Grito de Baire, el 24 de febrero de 1895,
se reprodujo simultáneamente en territorio
holguinero, en el sitio conocido por Mala
Noche. Por aquella región tuvo lugar,
el 19 de diciembre de 1872, la unión
de las fuerzas combinadas de los Generales
García Íñiguez, Antonio
Maceo y Máximo Gómez, las
cuales penetraron en la villa y le causaron
numerosas bajas al ejército español,
acción realizada por primera vez
en la historia de Cuba, según destacan
especialistas.
Las alturas del grupo de Maniabón
comienzan a surgir cerca de la parte urbana,
donde abundan altos y modernos edificios,
anchas avenidas, industrias y hospitales,
que dan un toque de modernidad a esa región
cubana.
Famosa es su
playa
de Guardalavaca, una de las principales
del
archipiélago
cubano devenida importante polo turístico,
al igual que el Mirador de Mayabe en las
afueras de la ciudad, balcón natural
desde donde se divisa el valle de igual
nombre. Allí compite con el atractivo
paisaje un personaje casi de leyenda, muy
simpático y popular: el burro Panchito,
sucesor de su congénere Pancho, y
quien al igual que este último ha
ganado fama por beber gran cantidad de cerveza
y masticar chicharrones de cerdo.
El casco antiguo muestra la apacible presencia
de una edificación que identifica
a la ciudad, la cual pasó a la historia
como La Periquera. En ese lugar radicó
un cuartel de las fuerzas españolas,
por cuyos uniformes el pueblo comparaba
a los soldados con pericos, ave cubana multicolor,
y de ahí el nombre dado a esa instalación
de la colonia, hoy declarada Monumento Nacional.
En el casco histórico pueden apreciarse
calles estrechas, trazadas con absoluta
rectitud de un extremo a otro. También
hay muchas plazas, cada una construida con
un objetivo diferente: religioso, militar,
cultural. Pero sobre todo, en cada esquina
hay una área para conversar, disfrutar
de la brisa y la sombra de los árboles;
lugares que identifican a Holguín
como la "Ciudad de los Parques".
Nadie discute, sin embargo, que el principal
baluarte colonial de la ciudad es la Loma
de la Cruz. En 1790, en un lugar denominado
Cerro del Bramadero, un obispo católico
colocó el símbolo del cristianismo:
una enorme cruz de madera, a la cual se
llegaba en peregrinación, luego de
ascender una empinada elevación.
Actualmente puede subirse allí en
automóvil o escalando 458 peldaños
de una enorme escalera, para dominar desde
su altura todo el contraste que ofrece el
área urbana. Cada 3 de mayo en esa
cima se celebra el "Día de la
Cruz" con una misa y una romería,
para traer al presente costumbres de un
pasado que, a todas luces, sigue ocupando
un espacio muy particular en la bella y
cambiante ciudad de Holguín.