Situada en la región más oriental
de Cuba, se halla una legendaria ciudad:
Guantánamo, en lengua aborigen tierra
de muchos ríos.
Refiere la historia que cuando el navegante
genovés Cristóbal Colón
recorría en su segundo viaje la costa
sur de la isla, para comprobar si ésta
formaba parte de tierra firme, llegó
a una enorme y bella bahía en la
que encontró refugio seguro y a la
cual bautizó como Puerto Grande o
Escondido. Eso ocurrió el 30 de abril
de 1494. En aquella zona había una
gran población indígena, con
un desarrollo superior al de otros grupos
aborígenes diseminados por el resto
del territorio, señalan antiguos
documentos.
Para el historiador cubano Regino Botti,
el origen de esa ciudad partió de
la hacienda Santa Catalina, la cual comprendía
los que luego serían los municipios
de Guantánamo y parte de Sagua de
Tánamo y Baracoa. Sobre su fundación
se dan varias fechas: 1818, 1828 y 1847,
tomándose esta última como
la del nacimiento de Santa Catalina de Guantánamo,
mientras su Ayuntamiento quedó constituido
en 1856.
Respecto al nombre, un documento oficial
de 1524 la llamaba Guantanavo, en tanto
otras escrituras mencionaban Guantanabo,
pero finalmente permaneció el apelativo
aborigen que mantiene actualmente. El 18
de julio de 1741, el Almirante Edward Vernon,
al mando de una fuerza naval inglesa, se
apoderó de la Bahía de Caimanera
y en un intento de asentarse en el lugar,
trató de construir una villa o ciudad
a la que llamó Cumberland (tierra
en discusión) y así atacar
por tierra a Santiago de Cuba, planes que
resultaron fallidos.
Guantánamo no fue una excepción
en lo que a traslado de sede se refiere.
La villa original se mudó de su asiento
inicial en búsqueda de un sitio más
saludable y se radicó definitivamente
junto al río Guaso, frente a la meseta
homónima, en un lugar llamado El
Saltadero. De ahí que se le conozca
popularmente con el sobrenombre de la Tierra
del Guaso, ciudad cabecera de la provincia
de igual denominación.
Inicialmente basó su economía
en las salinas, pero la excelencia agrícola
de sus tierras, propició un ulterior
desarrollo de la región guantanamera,
especialmente las cosechas de caña
de azúcar, café y cacao, en
la primera mitad del siglo XIX.
También representó un importante
renglón el cultivo del algodón,
incrementado tras la llegada allí
de colonos franceses procedentes de Haití.
La fuente fundamental de toda esa riqueza
era el trabajo de los esclavos, los cuales
constituían el 44 por ciento de la
población en aquella época.
Las montañas de aquella región
albergaron numerosos palenques, los cuales
sirvieron de apoyo a las fuerzas mambisas
durante las luchas independentistas del
siglo XIX.
Precisamente el temor a la destrucción
de las riquezas económicas de la
villa y el miedo a la rebelión de
la población libre y esclava de color,
frenaron la incorporación de esa
zona a la insurrección iniciada el
10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel
de Céspedes en La Demajagua, opinan
historiadores. En julio de 1871, las tropas
del General Máximo Gómez y
otras fuerzas cubanas iniciaron la llamada
invasión de Guantánamo, durante
la cual los mambises destruyeron, al cabo
de dos meses, las riquezas de los hacendados
e incorporaron dotaciones de esclavos a
sus filas. Durante la contienda iniciada
en 1895, los guantanameros sí se
incorporaron de inmediato a la contienda
independentista.
La tierra del Guaso, situada a 900 kilómetros
al oeste-sudeste de la capital cubana, es
hoy municipio y ciudad cabecera de la provincia
de igual nombre.
Un factor que ha marcado a la ciudad es
la cercanía de la Base Naval de Estados
Unidos, una de las 300 instalaciones de
su tipo que mantiene el gobierno norteamericano
por todo el mundo, ubicada en la
Bahía
de Guantánamo, una de las mayores
y más abrigadas de Cuba.
La población guantanamera autóctona,
descendiente de aborígenes, recibió
la suma de constantes inmigraciones de españoles,
africanos de diversas regiones, así
como de franceses antillanos, asiáticos
y sobre todo de la India, convirtiendo a
esa región en la poseedora de una
mayor proporción de negros, mestizos
y asiáticos de todo el país,
un crisol de razas.
Llama la atención el trazado de sus
calles en damero, o sea, en forma de juego
de damas, así como el predominio
de edificios eclécticos, o lo que
es lo mismo, una arquitectura que mezcla
lo mejor de cada estilo.
Como tantas otras antiguas ciudades cubanas,
Guantánamo mantiene vigente las huellas
de su pasado colonial, con marcada influencia
catalana, presente en su antiguo Mercado
y el Palacio Salcines o en el viejo edificio
de Correos, con su cúpula rematada
por la estatua de la Fama, similar a la
Giraldilla habanera, casas con techos de
tejas, portales de columnas, calles estrechas,
su céntrico parque, dan fe de la
presencia de aquellos tiempos, en un entorno
que poco a poco va rodeándose de
modernidad.
Flanqueada por dos ríos: el Guantánamo
y el Guaso, sus suelos reciben el beneficio
de esas corrientes, en medio de un valle
donde hace más de dos siglos nació
y se desarrolló una de las más
importantes ciudades del oriente cubano,
región por donde primero sale el
Sol, cuyas mujeres inspiraron la famosa
canción Guajira Guantanamera, inmortalizada
por el autor e intérprete cubano,
Joseíto Fernández y muchos
otras voces alrededor del mundo.