Lugar
de rica historia y pasado aborigen, de tierras
fértiles donde impera la reina de
las frutas: la piña, esa es Ciego
de Ávila, una moderna y prometedora
ciudad de Cuba.
Sus orígenes partieron de un sitio
que los indios llamaban Jaraguayal, y al
cual llegó en 1513 el capitán
Pánfilo de Narváez, enviado
por Diego Velázquez. Hoy se encuentra
allí el poblado de Jicotea, nombre
que le dieron los españoles dada
la abundancia de esos animales en sus lagunas.
Los colonizadores encontraron por aquellos
lugares asentamientos de ciboneyes Cayo
Redondo, al sur, y al centro y norte los
subtaínos.
De los primeros, catalogados como recolectores,
quedaron numerosos objetos en puntos costeros,
entre ellos, caracoles, cuchillos muy pequeños
de sílex (mineral de cuarzo, muy
duro), con ausencia de cerámicas
u otros elementos de los agricultores ceramistas.
La mayor presencia arqueológica corresponde
a los subtaínos. Historiadores opinan
que en Jicotea existía este tipo
de indocubano, aunque allí no se
han encontrado evidencias. Los hallazgos
sobre esa cultura muestran hachas petaloides
pulidas y sílex laqueado de diversos
tamaños. También se ha encontrado
hematita roja, cerámica que incluye
asas y bordes con incisiones, restos alimenticios
como huesos de jutía y de pescado,
de tortuga o carey, de aves y muelas de
cangrejo. Otros descubrimientos revelan
que los aborígenes de esa zona de
Cuba conocían el arte de tejer las
fibras de plantas textiles.
En 1538 el Cabildo de Puerto Príncipe
(Camagüey) le otorgó el permiso
a Jacome de Ávila para que se asentara,
junto con su familia y esclavos, en los
límites occidentales de aquel territorio,
dando origen a la hacienda San Antonio de
la Palma. Luego se trasladó más
al oeste y finalmente al lugar que hoy ocupa
esa capital del centro-oriente cubano. La
fundación de la ciudad data de 1840,
cuando contaba con 263 habitantes y 12 años
después tenía 38 casas. Su
Ayuntamiento quedó constituido en
1877.
Ciego de Ávila adquirió gran
importancia durante la Guerra de los Diez
Años . En esa etapa los gobernantes
españoles levantaron allí
una línea fortificada conocida como
la Trocha de Júcaro-Morón,
para combatir las fuerzas cubanas. En esa
época los españoles establecieron
en esa zona su base de operaciones, por
ser un punto equidistante entre Puerto Príncipe
y Sancti Spíritus, lugares donde
existían comandancias generales de
la colonia.
Entre otras medidas, las tropas colonialistas
construyeron un ferrocarril que partía
desde Júcaro y llegaba hasta Morón,
y de esta forma la isla quedó dividida
en dos partes. En sus inicios, se transportaban
por esa vía madera, cera, miel, pieles
y otros productos de las distintas poblaciones.
Estaba tendido a lo largo de una trocha
casi recta en medio de un espeso bosque.
Ante los preparativos para una invasión
por parte de los mambises, los españoles
levantaron una línea fortificada
bordeando esa vía férrea,
la cual contaba con más de 30 fortines
desde Júcaro a San Fernando (Morón),
a una distancia de dos kilómetros
entre sí, construyeron, además,
una puerta de acceso a la ciudad.
No obstante esa fortificación, en
1876 el General Máximo Gómez
logró ocupar la villa. Al estallar
la Guerra del 95, constituía un enclave
estratégico de considerable importancia
para la colonia, por lo que ésta
erigió un hospital militar, numerosos
cuarteles y creó algunas tropas especiales
como ingenieros, transporte, artilleros
y otras. A la vez, el mando ibérico
ordenó la refortificación
de la Trocha para evitar el paso de las
tropas mambisas, en su proyecto de invasión
de oriente a occidente, y que impidiera
también el cruce desde las provincias
de Las Villas hacia la de Oriente.
Ese poderoso sistema militar fue atravesado
nuevamente el 29 de noviembre de 1895, esta
vez por el Lugarteniente General Antonio
Maceo, a solo cinco kilómetros del
poblado de Ciego de Ávila. En total
aquella línea defensiva, considerada
inexpugnable por sus autores, fue cruzada
por Máximo Gómez en nueve
ocasiones; por el coronel Simún Reyes
más de 15; el gobierno cubano en
armas, dos veces; otros mensajeros y grupos
de avituallamiento mambises, en más
de 40 oportunidades y por Maceo, una vez.
Ciego de Ávila es hoy municipio y
ciudad cabecera de la joven provincia de
igual nombre, surgida con la
División
Político-Administrativa de 1976,
y otrora parte integrante del territorio
camagüeyano. Se encuentra situada en
una llanura y tiene acceso a la costa sur,
pantanosa, frente a la cual se extiende
la cayería de Los Muertos. También
por el lado sueño desaguan los ríos
Grande, Los Negros, Guayabates, Cieguito
y otros que vierten sus aguas en la ciénaga.
La economía avileña actual
se basa en la rama agrícola, fundamentalmente
en el cultivo de la caña y la producción
de azúcar. Sobresalen sus campos
de cítricos, viandas y frutales entre
estos últimos, la llamada Reina de
las frutas: la piña, cultivo tradicional
en aquellas tierras rojas donde, según
se afirma, se cosechan las más hermosas
y dulces de todo el país.
Esa moderna ciudad impresiona desde una
primera mirada por la limpieza y orden de
sus calles, con una arquitectura colonial
y ecléctica, o sea, mezcla de varios
estilos, en la cual sobresale la llamada
Joya de Ciego: el teatro Principal, uno
de los mejores de la isla, construido en
los años 20 de este siglo; en aquel
rincón cubano cada año se
mantiene la tradicional Fiesta de las Flores.
Es una urbe marcada a la vez por la insoslayable
presencia de una cultura aborigen, manifestada
en numerosos hallazgos arqueológicos,
y con una historia revivida en los torreones
del siglo XIX, restos silenciosos de aquella
Trocha que una vez dividió en dos
partes la Isla de Cuba.