A
Cárdenas, como a otras ciudades de
Cuba, se le conoce por varios sobrenombres:
Ciudad Bandera, Ciudad de los Coches, y
varios más, cada uno de ellos representativos
de una parte de la historia de ese territorio
urbano matancero.
Fue fundada en 1828 y bautizada con el nombre
de San Juan de Dios de Cárdenas,
o San Juan de las Ciegas, y más tarde
Cárdenas solamente, formándose
el poblado en dos caballerías repartidas
entre sus primeros moradores, ubicadas frente
a la bahía de igual nombre, y donde
se apreciaba un tráfico constante
de goletas.
Precisamente, su puerto fue la principal
fuente para el desarrollo de la villa, gracias
a las exportaciones realizadas por esa vía
marítima, a lo cual se le unió
el ferrocarril que llegaba hasta Matanzas,
por donde se embarcaba la riqueza agrícola
de la región.
Como dato curioso puede decirse que Cárdenas
fue el primer lugar de Cuba donde se organizó
una empresa ferroviaria en 1837, cuyo primer
tramo unió a esa localidad con la
de Bemba (Jovellanos) en 1840.
Hacia finales de la Guerra de los Diez Años
(1868-1878), allí existían
grandes talleres, refinerías de azúcar,
fundiciones, gas, acueducto, una bien surtida
plaza del mercado, artesanías, comercios
florecientes, teatros y, como resaltan historiadores,
hasta una plaza de toros.
Por esa época era igualmente la región
azucarera más rica de Cuba, con más
de 170 ingenios. Pero sobre todo, los cardenenses
muestran orgullo cuando refieren que su
ciudad fue la primera de la isla que contó
con alumbrado eléctrico, inaugurado
el 7 de septiembre de 1889, con una modesta
planta con capacidad para 83 focos en calles
y plazas y 318 bombillas para uso privado.
Fue también el primer territorio
cubano en poseer una clínica ginecológica
y una destilería, la Arechabala,
apellido del ciudadano vasco que la fundó,
lugar de origen del ron cubano allá
en Cárdenas en 1878.
Vale la pena hacer un paréntesis
para explicar que "el hijo alegre de
la caña de azúcar", como
se le ha llamado al ron, es una bebida alcohólica
obtenida por la fermentación y posterior
destilación del guarapo ( jugo de
la caña) o de la melaza (residuo
de la producción de azúcar)
y el cual, según aseguran expertos,
bien añejado y de primera calidad
puede parecerse a un brandy.
Si de sobrenombres se trata, no puede olvidarse
el de Ciudad de los cangrejos o de los cangrejeros,
como es conocida desde hace varias décadas,
por la gran abundancia de esos crustáceos
existentes en el territorio cardenense.
Cárdenas es hoy nombre de una ciudad
y un municipio de la costa norte de Matanzas,
con unos 90 mil habitantes, poseedor de
una hermosa bahía, un notable puerto
y numerosos renglones económicos,
entre ellos el petróleo, la producción
de azúcar, y fábricas para
la obtención de alcoholes, bebidas
y licores, la cual sobresale también
por su gran tradición pesquera, por
sólo citar algunos de sus quehaceres.
Es además, una de las áreas
de Cuba con mayores reservas de aguas subterráneas,
con cientos de cuevas inundadas en las que
habitan peces sin ojos, o peces ciegos como
se les conoce.
Un interesante museo, considerado uno de
los mejores del país, y la casa natal
de José Antonio Echeverría,
dirigente estudiantil cardenense asesinado
por la tiranía de Fulgencio Batista
en 1957, constituyen lugares de obligada
visita para los foráneos y locales.
Allí en presencia de sus vecinos,
figuras políticas y literarias, en
la antigua Plaza del Recreo de Isabel II
fue develada en 1862 una estatua de Cristóbal
Colón, Primus in América,
en homenaje al Almirante genovés.
Cárdenas ha pasado a la historia
de Cuba como la Ciudad Bandera, pues en
ese pueblo ondeó por primera vez
el 18 de mayo de 1850, la enseña
patria traida por Narciso López.
De ahí que su escudo sea el único
del país que incluye en su grabado
la insignia nacional y una inscripción
que resalta la primicia de aquel acontecimiento
histórico: Primus in Cuba.
Pero Cárdenas no es sólo conocida
por todo lo anterior. Su nombre está
ligado a un pintoresco y antiguo medio de
transporte: el coche, pariente cercano de
las fastuosas carrozas tiradas por caballos
que hasta finales de los años 50
de este siglo, se empleaban para los cortejos
fúnebres en esa región cubana.
Para los cardenenses resulta más
atractivo montar en esos tradicionales vehículos
halados por caballejos que trasladarse de
otra forma y, por ello, los emplean en todo
su quehacer diario, o simplemente para enamorarse,
según cuentan sus legendarios cocheros
o conductores. En otras ciudades de Cuba,
como
Ciego
de Ávila y
Bayamo,
también está vigente esa tradición
sobre ruedas, pero en Cárdenas, afirman
con fuerza sus pobladores, es donde más
abundan, de ahí el sobrenombre de
Ciudad de los Coches.