Conocida
como la Ciudad Primada, Baracoa se ganó
ese apelativo por haber sido el primer territorio
al que llegó el Almirante genovés
Cristóbal
Colón, cuando en 1492 arribó
a la Isla de Cuba, a la que inicialmente
confundió con tierra continental
asiática.
Situada al noreste de la provincia de
Guantánamo,
fue la primera villa cubana fundada en febrero
de 1512 por el conquistador
Diego
Velázquez, quien la nombró
Nuestra Señora de la Asunción
de Baracoa. Por ello, tuvo igualmente la
primicia de obtener el Escudo de Armas en
este archipiélago y en América,
concedido por Real Orden del 20 de Septiembre
de 1838, firmada por la Reina de España,
María Cristina de Habsburgo, y en
cuya inscripción, escrita en latín,
se ratificaba que era: Tempore primas o
Primera en el tiempo.
En 1518 se le confirió el título
de Ciudad, así como los derechos
de Obispado. Fue por aquella zona donde
comenzó el exterminio de los aborígenes,
por parte de los buscadores de oro, enfrentados
en desigual lucha con los indocubanos encabezados
por caciques como Guamá y
Hatuey.
Los primeros negros africanos llegaron a
Cuba por las hasta entonces apacibles aguas
de la bahía baracoense, con forma
de herradura, con destino a la producción
de azúcar de caña.
Ese mismo año, el Obispo de Baracoa,
por orden del Papa Adriano VI, se trasladó
para
Santiago
de Cuba y, con ello, la Ciudad Primada
dejó de ser la principal villa y
perdió también su condición
de capital de la colonia española.
Fue el sitio escogido por el General Antonio
Maceo para llevar a cabo su ataque, en 1877,
al refugio de un príncipe de la Casa
Real de España, el brigadier Francisco
de Borbón, para escenificar una osada
y poco conocida hazaña. Más
tarde, en abril de 1895 Maceo volvió
a Baracoa, en un desembarco por la playa
de Duaba, para reanudar la lucha por la
independencia cubana.
El 27 de diciembre de 1958 fue liberada
la ciudad por fuerzas del Ejército
Rebelde. Declarada Monumento Nacional, situada
entre las bahías de Baracoa y la
de Miel, es una ciudad donde se mezcla lo
colonial y lo contemporáneo; ubicada
en el extremo oriental de la isla, y flanqueada
al sur por un escenario montañoso
que la aisló por tierra del resto
de la nación hasta 1959, hoy conserva
para la historia fortalezas como Matachín
(hoy Museo), La Punta y El Castillo de Seboruco,
testigos de pasados siglos, lugares de gran
atracción entre las diferentes ofertas
que brinda la histórica villa al
turismo internacional.
Entre sus alturas sobresale
El
Yunque, con su extraña forma,
"...que parece isla.." como lo
describiera Colón, sitio turístico
de gran valor, donde son frecuentes los
hallazgos de piezas arqueológicas,
testimonios de lo que fueran asentamientos
de la civilización taína,
razón por la que esa urbe es considerada
la capital arqueológica del país.
Es tierra de café, cacao, coco y
minerales. Su microclima mantiene una vegetación
exuberante, sobre todo, en las márgenes
del río más caudaloso de Cuba:
el
Toa,
donde perdura el misterio del Tetí,
pequeño animalito que desde el Atlántico,
cada año, y quizás mucho antes
de la llegada de Colón, avanza contra
la impetuosa corriente fluvial, hasta detenerse
en el entronque de las dulces aguas con
las saladas del
Mar
Caribe. ¿Pez o anguila?, lo cierto
es que el tetí forma parte de la
cocina baracoense.
Orgullo de los moradores de la villa es
una bebida diferente: el prú, cocimiento
preparado con varias raíces, mediante
un secreto que sólo allí dicen
conocer. Otra de sus curiosidades es el
llamado "reloj de agua" único
en la isla y quizás en el mundo,
originado en un manantial que brota durante
cierta cantidad de minutos, y en igual intervalo
permanece seco totalmente.
La Ciudad Primada también atesora
la llamada Cruz de la Parra, símbolo
del cristianismo traido por Colón
a su llegada a la Bahía de Bariay
y a la cual bautizó como Puerto Santo.
Conservada hoy en un pedestal de plata dentro
de una urna se halla esa cruz, la más
antigua del "Nuevo Mundo" descubierto
por
Colón,
cuando pisó tierras de Baracoa.