Suelos
de color rojo oscuro, las llamadas popularmente
tierras coloradas, identifican la denominada
Villa Roja: Artemisa, importante ciudad
de la provincia de
La
Habana y una de las principales regiones
agrícolas de Cuba.
Nació en un sitio conocido como cacicazgo
de Marién, donde en 1635 se creó
el corral de San Marcos para la cría
de ganado menor. La fundación del
poblado se debió a Francisco de Arango
y Parreño, quien en 1810 cedió
esos terrenos para tales fines. Hasta allí
habían llegado familias de los barrios
habaneros de Jesús María y
Guadalupe, asolados por un incendio. Como
solución, a los damnificados se les
trasladó a esa fértil zona
para fomentar un pequeño pueblo,
al cual se le siguió llamando San
Marcos del Vínculo Grande de Meireles.
Su Ayuntamiento quedó constituido
en 1879, separándose de Guanajay.
Artemisa tuvo una participación destacada
en las guerras de independencia en la etapa
de la colonia española. Sobresalió
en esas contiendas Monseñor Guillermo
González Arocha, párroco de
la iglesia de San Marcos Evangelista de
Artemisa, llamado el "cura mambí",
por su vinculación con las fuerzas
cubanas.
Pero sobre todo, a la región artemiseña
se le señala como una de las que
aportó mayor número de vidas
a la lucha insurreccional contra la dictadura
de Fulgencio Batista. En terrenos de esa
villa realizaron prácticas de tiro
el entonces joven abogado Fidel Castro y
otros participantes en el asalto al Cuartel
Moncada, en Santiago de Cuba, efectuado
el 26 de julio de 1953.
Desde la colonia hasta 1968, Artemisa perteneció
a la zona pinareña, aunque nunca
tuvo similitud económica o social
con el resto de la provincia de Pinar del
Río, opinan historiadores. Al explicar
esa diferenciación, se basan en que
mientras el cultivo del tabaco abarcaba
la generalidad de la producción pinareña,
la Villa Roja centraba su economía
en el café -bajo la influencia de
colonos franceses llegados de Haití-
y la caña de azúcar. Por otro
lado, las tierras artemiseñas producían
frutos menores y otros alimentos los cuales
eran enviados a La Habana.
Con el paso del tiempo, el desarrollo de
aquella ciudad seguía identificándose
cada vez más con la región
habanera. De ahí que en 1968, las
autoridades competentes decidieron incorporar
Artemisa a la provincia de La Habana, a
fin de aprovechar los recursos naturales
de villa para el autoabastecimiento de la
capital, que por aquella época contaba
con la quinta parte de la población
del país y con la tercera urbana.
Devenida municipio habanero desde la
División
Político-Administrativa de 1976,
se encuentra situada en la parte más
estrecha de la isla, en los llanos meridionales
del Peniplano Occidental. Hacia Cayajabos,
en el occidente, presenta las altas elevaciones
de la
Sierra
del Rosario. Sus fértiles tierras
son regadas por los ríos de la vertiente
sur, como el Pedernales y el Capellanías.
Este último se sumerge en una cueva
cerca de la estación ferroviaria
de Dagame. También cuenta con las
corrientes fluviales del Artemisa y el Gamboa.
Su parte sureña es pantanosa, cubierta
por manglares costeros. Además, posee
numerosas cuevas con extensos lagos, donde
habitan peces sin ojos y otras especies.
La Artemisa del presente aporta más
del 20 por ciento de la caña de la
provincia habanera para convertirla en azúcar.
También posee una fábrica
de cemento, como uno de sus principales
soportes económicos. Son famosos
sus sembrados de plátanos (bananos),
los extensos arrozales, una gran cría
de ganado porcino, así como una abundante
producción de huevos, todo lo cual
garantiza un fluído abastecimiento
de la región. Así es esa ciudad
de reconocido auge en la industria y la
agricultura.
Ella mantiene los rasgos coloniales de su
remozado hotel Campoamor o de su iglesia
parroquial, a cuyo lado fue levantada una
estatua del "cura mambí"
González Arocha, junto a modernos
edificios de viviendas, sociales y otros.
Las ruinas del antiguo cafetal Angerona,
el más conocido de Cuba, hoy Monumento
Nacional, y un bello mausoleo erigido a
los "Mártires de Artemisa",
son exponentes de la historia pasada y contemporánea
de ese pintoresco poblado.
Sobre su nombre existen varias versiones.
Unos dicen que se originó en la costumbre
de aquellos colonos franceses del siglo
XVII, de bautizar sus posesiones cafetaleras
con nombres romanos: Júpiter, Neptuno,
Minerva y otros. También se afirma
que proviene de una raíz histórico-mitológica,
pues con ese apelativo se conocieron antiguas
reinas del Asia Menor y una diosa griega,
llamada Diana por los romanos. Sin embargo,
parece tener mayor arraigo la teoría
de varios historiadores, los cuales atribuyen
un origen bien distinto a la denominación
de esa villa Cuentan que mucho antes de
fundarse, cruzaba por allí una vía
que enlazaba la capital con Pinar del Río,
por donde pasaban las arrias de ganado caballar
o mulos, así como carros de tracción
animal, lugar conocido como Camino Real
de la Vueltabajo. Por aquellos parajes existía
un sitio para albergar a los hombres y reponerse
de la fatiga. Cerca de ese entorno había
un pozo o abrevadero, el cual estaba totalmente
rodeado de una olorosa y medicinal yerba:
la Artemisa (Artemisa vulgaris). De ahí
que los hombres solían decir: "Nos
vemos donde la Artemisa..." "Te
espero a la vuelta, donde la Artemisa..."
y otras frases similares las cuales, todo
parece indicar, dieron un bautismo de origen
popular a la también llamada Villa
Roja.