Las
ciénagas son extensiones de terrenos
inundados, en los que, como consecuencia
de un drenaje insuficiente, el agua se deposita
en las partes bajas próximas a las
costas, en hondonadas o en determinados
lugares llanos de origen cársico
del interior del país.
En esos sitios se observa un proceso contínuo
de descomposición de materiales orgánicos,
que con el tiempo dan origen a la turba.
Los pantanos y áreas cenagosas, cubren
aproximadamente el 8,26 por ciento de la
superficie de Cuba e
Isla
de la Juventud, por lo que es imprescindible
considerar su aprovechamiento en los planes
de desarrollo económico y ecológico
del país. Esas zonas, con carácter
permanente o estacional, pueden emplearse
en la agricultura, previa desecación
total o parcial y la regulación de
su profundidad.
Son ciénagas costeras como la de
Batabanó, en
La
Habana, o interiores, como la
Ciénaga
de Lanier, en la
Isla
de la Juventud y las de Buey y Birama,
asociadas al delta de la desembocadura del
río
Cauto,
por sólo citar algunos ejemplos.
La más notable y extensa de todas
las existentes en el país es la
Ciénaga
de Zapata, en la provincia de
Matanzas,
hoy devenida Región Especial de Desarrollo
Sostenible.