Con una superficie de 777, 2 km2, Cayo Romano
ocupa el tercer lugar, antecedido por Cuba
y la
Isla
de la Juventud, entre las formaciones
insulares que rodean a la Mayor de las
Antillas.
Forma parte del
Archipiélago
Sabana-Camagüey , también
conocido por Jardines del Rey, uno de los
cuatro grupos en que se dividen los más
de cuatro mil cayos, isletas e islas que
integran el territorio cubano.
Sus paisajes muestran lagunas, arroyos y
asoman en el horizonte tres elevaciones
nombradas Silla de Romano, con 62 metros
de altura en algunas partes, los Altos de
Juan y El Ají.
Se dice que su nombre lo debe al español
Sebastián de Ocampo, quien lo halló
durante un bojeo en 1508. Según los
historiadores, allí no hubo asentamientos
aborígenes, aunque por estudios y
restos arqueológicos hallados al
sur del cayo, existe la tesis de que los
indígenas atravesaban el mar por
las bahías de Jigüey y La Gloria
para pescar en sus aguas. También
se señala que Romano, con 100 kilómetros
de largo y unos ocho de ancho, sirvió
de refugio a los indocubanos, en sus enfrentamientos
a las fuerzas del conquistador Diego Velázquez
en 1511.
Ya a finales del siglo XVI sirvió
de guarida a corsarios y piratas; luego
devino base para la venta de esclavos con
destino a Puerto Príncipe (Camagüey)
o Estados Unidos.
Estuvo vinculado igualmente a las luchas
independentistas sirviendo de campamento,
hospital o punto de arribo de expediciones
insurrectas.
A finales del siglo XIX, sus fértiles
valles y la existencia de agua, facilitó
el asentamiento de prósperos hacendados
en aquellas tierras y el posterior desarrollo
de la ganadería, en general, y la
apicultura, riquezas diezmadas posteriormente
por la ocupación del ejército
español durante la Guerra de los
Diez Años. Se convirtió así
en habitat de leñadores y carboneros,
con la consiguiente tala indiscriminada
de sus frondosos bosques.
En el presente, un pedraplén, o carretera
construída sobre el mar, con 42 kilómetros
de largo, une a Romano con la Isla Mayor:
Cuba y, por otro lado, con su vecino Cayo
Cruz, como parte de los planes de desarrollo
turístico en las islas del norte
camagüeyano.
Entre los atractivos que conservan aún
su virginidad en ese pedazo de territorio
cubano, se encuentran seis kilómetros
de excelentes playas y una gran riqueza
faunística, con más de 400
especies.