Es
una típica bahía de bolsa,
cuyo canal de entrada tiene casi dos kilómetros
de largo con 350 metros de ancho en su boca,
flanqueada por el castillo del Morro y el
fortín de San Salvador de la Punta
y donde se encuentra el más importante
puerto de la Isla de Cuba.
El puerto habanero, cuyo descubrimiento
se le achaca al gallego Sebastián
de Ocampo, en 1509, convirtió a la
incipiente urbe en el centro de reunión
de todas las flotas o mercancías
procedentes de los virreinatos del Nuevo
Mundo, lo que dio a la villa de San Cristóbal
de La Habana un alcance internacional, por
la fluida inmigración de españoles,
africanos, indígenas y por los viajeros
provenientes de otras partes del mundo.
En el seno interior de la bahía se
encuentran tres lóbulos o ensenadas
llamadas de Mari-Melena, Guasabacoa y Atarés,
que originalmente fueron valles surcados
por el arroyo Tadeo, y los ríos Martín
Pérez y el Luyanó, estos dos
últimos con desembocadura en la Ensenada
de Guasabacoa y que al correr hacia el mar
confluyen en una sola corriente.
El fondo de sus aguas viene recibiendo no
sólo los arrastres fluviales, sino
también los desperdicios echados
por los buques a lo largo de los siglos,
lo cual ha generado un alto grado de contaminación
en ese entorno marino, actualmente en fase
de saneamiento para eliminar la polución.
Igualmente en el fangoso lecho marino habanero
descansan numerosos restos de barcos hundidos,
los cuales contribuyeron a restarle profundidad
a la bahía, junto con los sedimentos
de los ríos. |
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Mapa
de la Bahía de La Habana. |
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