Cuba
emergió de las profundidades del
mar, tras un proceso milenario de elevación
y sumersión que fue conformando su
actual estructura alargada y estrecha, semejante
a un gigantesco caimán dormido sobre
el
Mar
Caribe.
Según explica el científico
cubano Antonio Núñez Jiménez,
este archipiélago ha sufrido sucesivos
levantamientos y hundimientos bajo las olas
del mar, los cuales se hacen evidentes en
los numerosos fósiles marinos encontrados
en casi todas las elevaciones calcáreas,
lo que demuestra, precisa, que esos terrenos
aparecieron primitivamente sobre lecho de
la cuenca oceánica y después,
por movimientos extraordinarios de la corteza
terrestre, emergieron a gran altura sobre
el nivel del mar. Erizos, madréporas,
corales, foraminíferos (protozoarios
con esqueleto exterior calcáreo),
conchas, moluscos y peces en abundancia,
pueden hallarse fosilizados en casi todas
las montañas cubanas.
Por su origen, Cuba corresponde a las islas
llamadas orogénicas, es decir, las
que se formaron por el levantamiento de
cadenas montañosas u orográficas.
De acuerdo con varias teorías científicas,
este territorio surgió del fondo
del mar dividido en varias pequeñas
islas correspondientes a las cadenas de
Guaniguanico,
Las Villas, Camagüey y Oriente, que
presentaban el aspecto de un archipiélago
formado por cuatro islas alargadas.
Después que las cimas de esas montañas
lograron sobresalir por encima de las aguas,
una intensa erosión comenzó
a destruirlas, arrastrando el material arrancado
y depositándolo en las costas de
entonces, hasta que mediante una prolongada
sedimentación se produjo la unión
de las elevadas islas, añaden dichos
estudios.
Investigaciones geológicas, por su
parte, indican que posteriormente esas formaciones
volvieron a sumergirse, y durante miles
de años más fueron depositándose
incontables restos de diversos animales
y materiales sobre el fondo marino. Cuando
la isla volvió a emerger, había
aumentado de tamaño y siguió
evolucionando hasta alcanzar su forma actual.
La parte que quedó bajo las aguas
es lo que se conoce como plataforma insular
submarina.
En sus estudios sobre la Geografía
de Cuba, Núñez Jiménez
precisa que en el proceso que dio origen
al archipiélago intervino el vulcanismo.
Indica que numerosos volcanes surgieron
entre las cadenas de montañas y también
bajo las olas marinas, introduciendo lava
y otros materiales volcánicos entre
las capas de rocas sedimentarias (que se
sedimentan u originan en el fondo de mares
y lagos).
A la vez, el citado científico afirma
que los miles de kilómetros que el
mar arrebató al invadir y sumergir
parte del territorio insular, se está
recobrando nuevamente. Cuba, añade,
va ampliando sus costas por un lento movimiento
tectónico (de la corteza terrestre)
de elevación: la línea del
litoral varía constantemente, o sea,
el mar va cediendo terreno.
Los geógrafos tienen esas pruebas
en las terrazas marinas que en forma escalonada
presentan las costas cubanas, pues cada
uno de esos escalones gigantescos marca
una nueva etapa en su crecimiento y ascenso.
Nuñez Jiménez también
advierte que si el proceso emergente del
archipiélago continúa, será
rescatado como suelo emergido parte de la
actual plataforma, uniéndose, al
decir del especialista,
las islas que antaño estuvieron juntas:
la de Cuba y la de Pinos (hoy
Isla
de la Juventud). Las costas cubanas
no descansan directamente sobre el fondo
del mar, sino que el archipiélago
se asienta sobre un suelo submarino, cubierto
por las aguas de un mar de poca profundidad,
la cual tiene una extensión calculada
en unos 67 mil 831 km2 y cuyo ancho varía
entre unos cientos de metros en la costa
sur de la
Sierra
Maestra, hasta 140 kilómetros
como ocurre entre la costa meridional de
La Habana y la Isla de la Juventud. (
Golfo
de Batabanó)
En otros lugares, como el Gran Bajo de Buena
Esperanza en el
Golfo
de Guacanayabo (en la parte oriental),
ese lecho marino casi coincide con el nivel
del mar, mientras en otros aflora, formándose
los cayos e isletas que rodean a Cuba. La
profundidad de la plataforma insular varía
desde unos pocos centímetros hasta
200 metros, medida que marca el borde externo
de la misma y de ahí en adelante,
desciende tan bruscamente como en un abismo.