A
mediados del siglo XIX, era casi común
en la parte septentrional de la
Ciénaga
de Zapata la espléndida presencia
del Ara tricolor, nombre científico
del guacamayo cubano. A finales de esa propia
centuria, debido a la caza indiscriminada
para la obtención de sus vistosas
plumas, fue exterminado. Otras especies
antillanas tuvieron ese mismo destino.
Con su plumaje y el de los otros de las
Antillas
se prepararon obsequios a los Reyes de España;
durante siglos se estableció un gran
comercio de esos animales y se exportaron
miles a Europa. Todo esto y la deforestación
masiva del
archipiélago
cubano y otras islas de la región,
fueron la causa de su extinción.
De esta misma familia Psittacidae, quedan
dos especies en territorio cubano: la
cotorra
y el
catey.
Es la única variedad de esas aves
de la cual se conserva un ejemplar disecado
en este país, que perteneciera a
la Colección Gundlach, de la Academia
de Ciencias de Cuba. La longitud total de
su cuerpo era de 55 centímetros,
de ellos, 35 de cola. La cabeza, el pecho
y el vientre eran colorados, la parte superior
del cuello amarillo; las plumas superiores
de las alas rojas, matizadas de verde; las
mayores y las timoneles verdoso-azules.