Esta
bellísima subespecie endémica
es una de las joyas de la fauna alada cubana,
considerada actualmente extinguida, aunque
algunos campesinos y naturalistas afirman
haber escuchado el sonido de su picoteo
en la espesura de los bosques de la cuenca
del río
Toa
, en la región oriental de
Baracoa.
Responde al nombre científico de
Campephilus principalis bardii, conocido
vulgarmente como pico de marfil. Es el de
mayor tamaño y el más vistoso
de los carpinteros cubanos. En el Museo
Nacional de Historia Natural del Ministerio
de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
de Cuba existen varios ejemplares disecados
por Johannes C. Gundlach, eminente ornitólogo
de origen alemán radicado en Cuba
al principio del siglo XIX, quien estudió
minuciosamente las aves cubanas.
Este pájaro puede llegar a tener
hasta 50 centímetros de largo, el
plumajes es principalmente negro; tiene
una raya blanca a continuación del
pico hasta el final del ala; la cresta en
la hembra es negra, en los machos rojiza
y negra y el pico blanco marfil. Existe
una subespecie norteamericana ya desaparecida.
Poseen una lengua muy larga, cubierta con
un líquido pegajoso, con una punta
dura en su borde y espinitas dirigidas hacia
atrás. Su voz no es fuerte, es semejante
al sonido de una trompetica de niños;
su vuelo, como el de las otras especies
de carpinteros, es ondulado, batiendo las
alas. Vive en familias de unos cuantos individuos.