El
carpintero jabado, Centurus superciliaris,
es el más común de los de
esas especies endémicas del
archipiélago
cubano.
Resulta muy atractivo por su plumaje blanco
y negro en sus partes superiores, con algún
tinte amarilloso; la corona (pileum) roja;
la frente blancuzca en los machos; las partes
superiores más bien carmelita grisoso,
con un viso amarillo; el centro del abdomen
rojo; los lados barreados de negro. Las
hembras tienen el rojo de la corona limitado
sólo a la nuca y la base del pico.
Se alimenta de insectos, larvas, fruticas
y frutas; practica agujeros en algunos árboles
con su fuerte pico para colocar sus nidos
y cuando abandona estas perforaciones, las
mismas son aprovechadas por otras especies
de aves, especialmente el tocororo y la
cotorra. Comienza a anidar en marzo y coloca
de cinco a seis huevos muy blancos y lisos.
Según las más recientes observaciones,
el sonido producido por los carpinteros
al perforar los troncos equivale al canto
de otras aves, al tiempo que también
sirve para la comunicación entre
los sexos y les ayuda a definir su territorio.
Se le encuentra en los bosques y arboledas,
así como en terrenos con muchos árboles.