Las mariposas representan, dentro de los
insectos cubanos, el grupo más conocido
y más admirado. En los últimos
tiempos Cuba ha podido escapar del exterminio
de estos artrópodos, a causa del
uso masivo de pesticidas, como ocurre en
otros países. Por ese motivo, los
campos se ven embellecidos por el vuelo
vivaz de estos alados, que contribuyen a
su vez a la polinización de la flora
cubana.
Entre los insectos endémicos de la
isla se encuentra la mariposa de la Avellaneda
(Phoebis avellaneda). Estos ejemplares,
de gran belleza, muestran en la cara superior
de sus alas un color negro con hileras transversales
de manchas blancas. Las alas posteriores
son de un tono amarillo opaco. No se conocen
sus larvas ni las plantas que visita. Se
halla en los bosques intrincados de la
región
oriental cubana.
La mariposa de Gundlach, denominada científicamente
Parides gundlachianus, sobresale por su
incomparable belleza y también es
endémica de Cuba. Tiene un vuelo
lento y pausado, descansa al mediodía
en lugares sombreados y en su dimensión
influye la altitud combinada con la humedad,
siendo de mayor tamaño en las altas
montañas.
Los machos esconden en el pliegue del margen
interno de las alas posteriores una abundante
y larga pilosidad blanca de aspecto lanoso,
para atraer a las hembras con su perfume.
Abunda en ciertas localidades de la región
oriental de Cuba. Puede aparecer en las
montañas y en las costas, en la parte
este de
Santiago
de Cuba,
Moa,
Gran
Piedra y escasamente en
Pinar
del Río.